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9 de mayo de 2025 a las 09:30

¿El populismo pierde fuelle?

El nerviosismo en el oficialismo es palpable. Cualquier crítica, por mínima que sea, a las acciones del gobierno actual, es recibida como un ataque personal, una afrenta imperdonable. Se erigen como los únicos poseedores de la verdad, inmunes a la crítica, y cualquier voz disidente es rápidamente silenciada con descalificaciones y ataques personales. El caso de Alejandro Moreno Cárdenas es un ejemplo claro de esta intolerancia. Su participación en la XXII Cumbre Mundial de Comunicación Política, en Punta Cana, desató la furia del partido gobernante. ¿Su delito? Analizar con agudeza los riesgos del populismo en Latinoamérica.

Moreno Cárdenas, con valentía y precisión, describió las características de los gobiernos populistas: promesas grandilocuentes que rara vez se cumplen, un discurso que se alimenta del descontento popular y la sistemática destrucción de las instituciones. Utilizó ejemplos concretos, como los gobiernos de Daniel Ortega en Nicaragua, Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Jair Bolsonaro en Brasil, y por supuesto, la administración de Andrés Manuel López Obrador en México. Mencionar al expresidente mexicano fue como arrojar gasolina al fuego. La reacción del oficialismo fue inmediata y virulenta. Desataron una campaña de desprestigio, acusando a Moreno Cárdenas de "turismo legislativo", una acusación absurda y sin fundamento. Prefieren ignorar el fondo del mensaje y centrarse en ataques personales, una táctica clásica de quienes no tienen argumentos sólidos para defenderse.

Mientras acusan a Moreno Cárdenas de turismo legislativo, ciertos personajes del oficialismo, como Gerardo Fernández Noroña, viajan con todos los lujos y comodidades, disfrutando de la "business class" y camionetas de alta gama. La hipocresía es evidente. Critican en otros lo que ellos mismos practican sin ningún pudor.

La ponencia de Moreno Cárdenas en Punta Cana fue un golpe directo al corazón del discurso oficialista. Desnudó la doble moral y la inconsistencia de sus políticas. Señaló la preocupante tendencia a atacar los mecanismos de fiscalización y transparencia, ejemplificada con la extinción del INAI y otros organismos. Estos organismos, fundamentales para la rendición de cuentas y el combate a la corrupción, son vistos por el gobierno como "instrumentos neoliberales" que deben ser eliminados.

Otro punto crucial abordado por Moreno Cárdenas fue el impacto económico del populismo. Los excesivos subsidios y el gasto público desmedido, presentados como una generosa ayuda social, tienen consecuencias negativas a largo plazo: inflación, déficit fiscal, devaluación y fuga de capitales. Se prioriza el corto plazo, el rédito político inmediato, sin considerar las consecuencias a futuro.

La reacción desproporcionada del oficialismo ante las palabras de Moreno Cárdenas confirma lo que él mismo denunciaba: la intolerancia a la crítica y la delgada piel de quienes se aferran al poder. Su participación en la Cumbre de Comunicación Política no fue un simple acto de "turismo legislativo", sino un valiente ejercicio de análisis y crítica, una voz que se alza contra la demagogia y el autoritarismo. Una voz que, a pesar de los ataques y las descalificaciones, resuena con fuerza y claridad en el debate político latinoamericano. Y es precisamente ese eco, el de la verdad incómoda, lo que más les molesta. Prefieren vivir en un mundo de fantasía, donde sus acciones son incuestionables y sus errores invisibles. Pero la realidad, tarde o temprano, los alcanza.

Fuente: El Heraldo de México