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9 de mayo de 2025 a las 09:15

Descubre la verdad oculta de los sectarios

La aparente calma que siguió al Consejo Nacional de Morena se ha desvanecido como un espejismo en el desierto. La proclamada unidad, un frágil castillo de naipes, se desmorona ante la embestida de las ambiciones internas. Lo que se suponía sería un despliegue de fuerza y cohesión, ha dejado al descubierto las profundas grietas que fragmentan al partido. La lucha intestina, lejos de apaciguarse, se intensifica, y la prudencia, otrora valorada, se convierte en un lastre para quienes se aferran a ella.

Los autoproclamados "puros", guardianes de la ortodoxia ideológica, se erigen como los únicos intérpretes del evangelio de la 4T. Con una fervorosa convicción, buscan imponer su visión a fuerza de descalificaciones y purgas, ignorando la riqueza que surge de la diversidad de opiniones y trayectorias. Su sectarismo, un veneno que corroe las bases del movimiento, amenaza con desmantelar el proyecto desde adentro. Pareciera que han olvidado la esencia misma de Morena, un crisol de ideas y experiencias, forjado con la participación de hombres y mujeres provenientes de diversos horizontes políticos.

El pragmatismo que llevó a Andrés Manuel López Obrador a abrir las puertas del partido a todos aquellos que desearan sumarse, se ha transformado en un reproche en boca de quienes ahora se consideran los dueños del movimiento. Olvidan, convenientemente, que este inclusivismo fue la clave del éxito electoral. Sin la incorporación de figuras provenientes de otras corrientes políticas, Morena jamás habría alcanzado la fuerza que hoy ostenta. ¿Cómo pueden pretender expulsar a quienes contribuyeron a construir la aplanadora electoral que hoy los encumbra?

Las palabras del propio López Obrador, plasmadas en su libro "¡Gracias!", resuenan con una fuerza profética: “Cuánta mayor apertura, mejor. No es aceptable el maniqueísmo, los políticos no se dividen entre buenos y malos, se distinguen sobre todo por actuar en determinadas circunstancias (…) no se trata de buenos y malos, o de quién llegó primero. Eso tiene que ver con la congruencia. No se puede cuestionar o juzgar a priori y a rajatabla. Hay que cuidar los principios, sí, pero debe concederse el beneficio de la duda”. Es un llamado a la tolerancia, a la comprensión, a la unidad en la diversidad. Un llamado que, lamentablemente, parece caer en oídos sordos.

El reciente episodio protagonizado por los "duros" de Morena contra Clara Brugada y Claudia Sheinbaum, a raíz del nombramiento de Adrián Rubalcava en la dirección del STC Metro, es un ejemplo palpable de la creciente polarización. La andanada de críticas, orquestada a través de redes sociales y medios afines, no solo careció de estrategia, sino que también evidenció una preocupante falta de tacto político. El resultado, sin embargo, fue contraproducente. Lejos de debilitar a Rubalcava, el ataque lo fortaleció, al granjearle el apoyo explícito de Brugada y Sheinbaum.

El incidente, más allá de las consecuencias inmediatas, deja al descubierto una fisura profunda en el seno del partido. La supuesta unidad, pregonada a los cuatro vientos, se revela como una quimera. La disputa por el poder se agudiza, y las ambiciones desmedidas amenazan con descarrilar el proyecto de la 4T. Brugada y Sheinbaum han recibido una clara advertencia: la necesidad de restablecer el orden y la disciplina en el partido es imperativa. De no hacerlo, las batallas internas y las fobias de unos cuantos podrían terminar por socavar los cimientos del movimiento. La pregunta que queda flotando en el aire es si tendrán la capacidad y la voluntad política para enfrentar este desafío.

Fuente: El Heraldo de México