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9 de mayo de 2025 a las 03:30

CDMX sin aplausos para el nuevo Papa

Un inusual episodio interrumpió la habitual monotonía de la sesión ordinaria del Congreso de la Ciudad de México. El diputado migrante Raúl Torres, perteneciente al Partido Acción Nacional (PAN), sorprendió a la asamblea al anunciar la supuesta elección de Robert Francis Prevost como nuevo Papa, tras avistar, según sus palabras, humo blanco emanando de la Capilla Sixtina. La noticia, pronunciada con la solemnidad de un anuncio oficial, cayó como una bomba en el recinto legislativo. Torres, incluso, solicitó a la presidenta de la Mesa Directiva, Martha Ávila, un minuto de aplausos para el supuesto nuevo pontífice, "respetando la laicidad" del Congreso. Esta petición, cargada de una ingenuidad casi conmovedora, desató una ola de reacciones entre los legisladores presentes.

La sorpresa inicial dio paso rápidamente a la incredulidad y, en algunos casos, a la abierta hilaridad. Los murmullos se extendieron por el hemiciclo mientras los diputados de Morena, mayoritarios en el Congreso, intercambiaban miradas de perplejidad. La vicecoordinadora de la bancada morenista, Brenda Ruiz, se vio en la necesidad de acercarse a Torres Guerrero para explicarle, con la paciencia de una maestra de escuela, la razón por la cual su propuesta era, no solo inapropiada, sino también infundada. La confusión del diputado panista, evidente en su rostro, reflejaba la desconexión entre su anuncio y la realidad de los acontecimientos.

La presidenta de la Mesa Directiva, Martha Ávila Ventura, con la serenidad que exige su cargo, tomó la palabra para zanjar la cuestión. Con palabras mesuradas pero firmes, negó la petición del diputado Torres, argumentando el carácter laico del Estado mexicano y el respeto a la diversidad de creencias presentes en el Congreso. Además, recordó que las expresiones oficiales sobre este tipo de nombramientos corresponden al Gobierno Federal, en su calidad de representante del Estado ante la Santa Sede. Con esta declaración, Ávila Ventura no solo restableció el orden en la sesión, sino que también reafirmó el principio de separación entre la Iglesia y el Estado, un pilar fundamental de la democracia mexicana.

Este episodio, aunque anecdótico, pone de manifiesto la importancia de la formación cívica y la comprensión de los principios que rigen la vida pública. La confusión del diputado Torres, aunque quizá inocente, revela una preocupante falta de conocimiento sobre el funcionamiento del Estado laico y las competencias de los diferentes poderes. Más allá de la anécdota, este incidente nos invita a reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la educación cívica en todos los ámbitos de la sociedad, para evitar este tipo de situaciones y garantizar el respeto a los principios fundamentales de nuestra democracia. Asimismo, nos recuerda la importancia de verificar la información antes de difundirla, especialmente en un contexto tan sensible como el de las creencias religiosas. La noticia falsa, como una chispa en un polvorín, puede generar confusión y malentendidos, poniendo en riesgo la armonía y el respeto que deben prevalecer en un espacio plural como el Congreso de la Ciudad de México.

Fuente: El Heraldo de México