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8 de mayo de 2025 a las 09:50
Un Mundo Sin Leyes: ¿Caos o Libertad?
La reciente incursión de India en territorio paquistaní nos recuerda la fragilidad de la paz en un mundo cada vez más complejo. Más allá de la condena a la violencia y la necesaria búsqueda de soluciones diplomáticas, este incidente nos obliga a reflexionar sobre las estructuras que sustentan la estabilidad global, un tema que a menudo damos por sentado hasta que la sombra de la confrontación nos alcanza.
El conflicto indo-paquistaní, con sus raíces profundas en la partición y la disputa por Cachemira, se ha convertido en un triste recordatorio de las consecuencias de la falta de mecanismos efectivos de contención. Dos potencias nucleares enfrentadas, con un historial de desencuentros y una creciente desconfianza mutua, representan un peligro no solo para la región, sino para el mundo entero. La amenaza de una escalada, con consecuencias imprevisibles, debería ser una llamada de atención para la comunidad internacional.
Es en momentos como este cuando el valor del llamado orden internacional liberal, con todas sus imperfecciones, se vuelve evidente. Este sistema, construido sobre los escombros de la Segunda Guerra Mundial, ha proporcionado un marco, aunque a veces insuficiente, para la resolución pacífica de controversias, la cooperación internacional y la promoción del desarrollo. Las Naciones Unidas, los tratados de no proliferación nuclear, los acuerdos comerciales y las innumerables instancias de diálogo y colaboración son testimonio de su impacto. Si bien es cierto que este orden no ha erradicado la desigualdad ni ha resuelto todos los conflictos, ha contribuido a crear un periodo de relativa paz y prosperidad sin precedentes en la historia de la humanidad.
Las críticas al orden liberal son válidas y necesarias. Es innegable que existen asimetrías de poder, que la distribución de los beneficios no siempre es justa y que algunos de sus mecanismos requieren reformas profundas. Sin embargo, la alternativa no puede ser el desmantelamiento del sistema sin una propuesta viable que lo reemplace. Las experiencias de bloques alternativos, como los BRICS, demuestran la complejidad de construir consensos y la dificultad de conciliar intereses divergentes. El caso de Pakistán, buscando la adhesión a un bloque liderado por su principal adversario, ilustra esta paradoja.
La defensa del orden liberal no implica una aceptación acrítica de sus defectos. Al contrario, exige un compromiso constante con su mejora y adaptación a las nuevas realidades geopolíticas. Implica fortalecer las instituciones multilaterales, promover el diálogo intercultural, buscar soluciones justas a las desigualdades y reafirmar el compromiso con los derechos humanos y el estado de derecho. Para países como México, el orden liberal representa una garantía de soberanía y un escudo protector frente a las ambiciones de potencias hegemónicas.
La paz no es un regalo, es una construcción. Es el resultado de un esfuerzo colectivo, de la voluntad de dialogar, de la capacidad de ceder y de la firme convicción de que la cooperación es el único camino hacia un futuro seguro y próspero. En un mundo polarizado, con el fantasma de la guerra nuclear acechando, la defensa del orden liberal, con todas sus imperfecciones, se convierte en una necesidad imperiosa. La alternativa no es un mundo ideal, sino el caos. Y el caos, como nos recuerda la situación en la frontera indo-paquistaní, es un precio demasiado alto que pagar.
Fuente: El Heraldo de México