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8 de mayo de 2025 a las 09:51

Última noche de ¡Locura Castañeda!

Tras 36 años de rock, La Castañeda se despide de los escenarios con un concierto monumental en el Auditorio Nacional el 7 de junio. No será un adiós definitivo, sino una pausa, un punto y aparte para que sus integrantes exploren proyectos personales y se reencuentren consigo mismos, como explica Oswaldo de León. Este concierto, según Salvador Moreno, vocalista de la banda, representa la culminación de un ciclo, la cima de su trayectoria, la condensación de toda su locura creativa en una sola noche. Será un viaje onírico a través de su discografía, un recorrido por las emociones sin un orden lineal, como en un sueño, donde se salta de una visión a otra, de un sentimiento a su opuesto.

La selección del repertorio ha sido un proceso complejo, un delicado equilibrio entre complacer al público y darse un gusto personal, confiesa Omar de León. Con alrededor de 30 canciones, la lista ha sufrido varias modificaciones, buscando la mezcla perfecta para esta noche tan especial. Además, el concierto servirá como plataforma para estrenar un nuevo tema, un tema poderoso y fuerte, según Omar, que refleja la disolución de la banda y la impermanencia de las cosas, la necesidad de aceptar los ciclos de la vida como parte de una espiral evolutiva, de crecimiento y trascendencia. La letra, explica Salvador, alude a la lucha contra el apego, a la aceptación de que todo, por más preciado que sea, eventualmente se desvanece.

La Castañeda siempre ha tenido una conexión especial con la locura creativa. Salvador recuerda una anécdota sobre la presentación de su segundo disco, "El Globo Negro", en el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino. Un interno, tras escuchar la música, les confió un secreto: "Creen que estas paredes son para que no nos salgamos, pero en realidad son para que no se metan los de afuera". Esta anécdota ilustra la profunda sensibilidad de la banda y su capacidad para conectar con la realidad desde una perspectiva única.

La banda ha entregado todo al rock, desde cargar sus propios instrumentos hasta construir escenografías con materiales reciclados, pintando posters a mano y dando vida a sus espectáculos con un equipo de performance que incluye actores, bailarines, modelos y maquillistas. Han volcado su vida, energía y salud en este proyecto, construyendo una carrera sólida, aunque quizás, como señala Salvador, sin el reconocimiento masivo que merecen.

La Castañeda, más que una banda, es una familia, un colectivo de artistas que se unen para transformar los sueños, las deformaciones y los lados ocultos en arte. Su música, su poesía y sus performances actúan como un espejo que refleja la sociedad, ofreciendo una catarsis colectiva, un espacio para el reconocimiento, el crecimiento individual y social. Este concierto de despedida en el Auditorio Nacional no es un final, sino una transformación, un paso hacia nuevos horizontes, un momento para celebrar la locura creativa que ha definido su trayectoria y agradecer a todos los que han formado parte de esta aventura. Una noche para recordar, para sentir y para celebrar la música de La Castañeda.

Fuente: El Heraldo de México