8 de mayo de 2025 a las 13:00
Sin Papa aún: Cónclave sin fumata blanca
La expectación se podía cortar con un cuchillo. Miles de rostros alzados hacia la chimenea de la Capilla Sixtina, miles de suspiros contenidos, miles de oraciones elevadas al cielo. Una vez más, el humo negro, denso y oscuro como un presagio, pintó el cielo romano, anunciando al mundo que el trono de San Pedro seguía vacío. Las 3:50 de la tarde, hora de la Ciudad de México, marcó otro compás de espera en este cónclave histórico, un recordatorio palpable de la complejidad y la trascendencia de la decisión que toman los 133 cardenales reunidos en el corazón del Vaticano.
La Plaza de San Pedro, un mar de paraguas bajo la llovizna romana, se convirtió en un escenario de emociones encontradas. La decepción, inevitable, se mezclaba con la esperanza, renovada con cada bocanada de humo que se disipaba en el aire. Los murmullos de la multitud, las conversaciones en voz baja en decenas de idiomas, tejían una atmósfera de incertidumbre y fervor religioso. Familias, peregrinos, turistas, periodistas; todos unidos por un mismo hilo invisible: la espera del nuevo Pontífice.
El humo negro, protagonista indiscutible de la jornada, nos habla de un cónclave dividido, de un debate intenso y profundo en el interior de la Capilla Sixtina. Nos habla de la búsqueda de un líder espiritual capaz de guiar a la Iglesia Católica en un mundo convulso, un mundo sediento de esperanza y de respuestas. Cada fumata negra es un testimonio de la responsabilidad que pesa sobre los hombros de los cardenales, de la meticulosa deliberación que precede a la elección del sucesor de Pedro.
Mientras tanto, en el interior de la Capilla, tras los muros impenetrables del Vaticano, los cardenales continúan su labor. Oraciones, reflexiones, intercambios de ideas en un clima de estricto secreto. Cada voto, un paso más en el camino hacia la fumata blanca, la señal inequívoca de que el mundo tiene un nuevo Papa.
La espera continúa. La Plaza de San Pedro se vacía lentamente, pero la esperanza permanece. Las miradas, aunque ya no fijas en la chimenea, se mantienen elevadas, buscando respuestas en el cielo. El mundo entero contiene la respiración, a la espera de la fumata blanca, a la espera del nombre que resonará en la Plaza de San Pedro y que marcará el inicio de una nueva era para la Iglesia Católica. ¿Quién será el elegido? ¿Quién asumirá la pesada carga del anillo del pescador? La respuesta, custodiada por el humo negro, sigue oculta en el corazón del Vaticano. Solo el tiempo, y la voluntad divina, la revelarán.
Las redes sociales, convertidas en un hervidero de comentarios y especulaciones, reflejan la ansiedad global. Desde todos los rincones del planeta, millones de personas siguen con atención el desarrollo del cónclave. La Iglesia Católica, una vez más, se convierte en el centro de la atención mundial. Y mientras el humo negro sigue dibujando figuras efímeras en el cielo romano, la espera continúa, cargada de esperanza y de incertidumbre. Una espera que, sin duda, será recompensada con la llegada de un nuevo pastor para el rebaño de Cristo.
Fuente: El Heraldo de México