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8 de mayo de 2025 a las 09:50

Morena en solitario: ¿Nuevo rumbo político?

La tinta apenas secaba en el documento que sellaba el acuerdo de Morena, un pacto de austeridad y rectitud aprobado por unanimidad, cuando la realidad se encargaba de desdibujarlo con trazos de cinismo e incongruencia. El domingo, en la sexta sesión ordinaria del Consejo Nacional, se erigieron las banderas de la prohibición del nepotismo, el uso indebido de recursos públicos y la renuncia a la opulencia. Se habló de vetar los viajes en primera clase, los vehículos blindados, el turismo político y cualquier atisbo de extravagancia, desde joyas ostentosas hasta ropa de marcas exclusivas. Un discurso que resonaba con la promesa de un partido comprometido con la gente, alejado de los excesos del poder. Sin embargo, la noche misma del acuerdo, el escenario se tornaba grotesco. Adán Augusto López, desoyendo lo recién pactado, emprendía su vuelo a París en primera clase de Air France. La justificación, envuelta en un halo de ironía, sugería una misión diplomática para "checar" el estado de la capital francesa. Un viaje que, más allá de su propósito real, se convertía en una bofetada a los principios recién proclamados. ¿Acaso París bien vale una misa, incluso si esa misa significa la traición a la confianza depositada por la militancia?

El tema del nepotismo, abordado en el acuerdo, despierta una sonrisa amarga. La prohibición se antoja una broma de mal gusto cuando la propia presidenta de Morena es hija de una de las fundadoras del partido, un patrón que se repite con el secretario de operaciones. Si bien se entiende que la medida busca frenar la herencia de cargos políticos, la realidad interna del partido la convierte en un símbolo de la incoherencia que lo aqueja. ¿Cómo predicar la austeridad mientras se viaja en primera clase? ¿Cómo condenar el nepotismo cuando la cúpula misma del partido es un ejemplo de ello?

El acuerdo, plagado de buenas intenciones, parece dirigido a individuos específicos, aquellos que se deleitan con los vuelos privados, las cenas en restaurantes de lujo y las prendas de diseñador. Una crítica velada a quienes han olvidado la esencia de Morena, la austeridad que alguna vez fue su bandera.

Más allá de las posturas políticas, se aplaude la intención de Morena de rectificar su rumbo. Sin embargo, la incongruencia entre el discurso y la práctica es evidente. El partido se ve obligado a reiterar sus principios básicos, una señal de que la esencia se ha perdido en el camino. La ciudadanía, harta de la opulencia y el abuso de poder, observa con atención. La memoria colectiva no olvida los excesos del pasado, y tarde o temprano, la factura llegará. Claudia Sheinbaum y Alfonso Durazo parecen ser los únicos conscientes de esta realidad, mientras el resto navega a la deriva, ignorando las lecciones de la historia y traicionando la confianza de quienes creyeron en un proyecto diferente.

Finalmente, un tema crucial quedó fuera de la discusión: la regulación de las precampañas, una solicitud expresa de la presidenta. ¿La razón de esta omisión? La misma que explica la incongruencia generalizada: Morena, una vez más, va por la libre. Un partido que, en su afán de alcanzar el poder, parece haber olvidado el camino que lo llevó hasta allí.

Fuente: El Heraldo de México