9 de mayo de 2025 a las 00:55
León XIV: ¿Puentes sí, cambios no?
Un nuevo capítulo se abre en la historia de la Iglesia Católica con la sorprendente y veloz elección del cardenal Robert Prevost, ahora Su Santidad León XIV. La rapidez del cónclave, como bien apuntaba el embajador mexicano ante la Santa Sede, Alberto Barranco, es un claro indicador del consenso alcanzado por el Colegio Cardenalicio, una unidad inusual que refleja la figura conciliadora del nuevo pontífice. Prevost, primer Papa estadounidense, ha logrado unir, en palabras de Barranco, "a tirios y troyanos", superando la histórica división entre las alas conservadoras y progresistas. Este logro se debe, sin duda, a su perfil moderado, a su capacidad de diálogo y a la prudencia que ha demostrado a lo largo de su trayectoria.
La elección del nombre papal, León XIV, es un gesto cargado de simbolismo. La referencia a León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum, piedra angular de la doctrina social de la Iglesia, nos anticipa la preocupación del nuevo Papa por las problemáticas que aquejan al mundo contemporáneo. Al igual que su predecesor, Francisco, León XIV parece estar profundamente comprometido con la realidad social, con la búsqueda de la justicia y con la atención a los más desfavorecidos. Este compromiso social se nutre, sin duda, de su experiencia en Perú, donde como obispo de Chiclayo, conoció de primera mano la realidad de la marginación y la pobreza en América Latina. En palabras de Barranco: "Es un latinoamericano en el fondo". Esta experiencia vital, sumada a su labor como presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, le otorga una perspectiva única y privilegiada para abordar los desafíos del continente.
Si bien su trayectoria en Perú y su nombre papal apuntan a una continuidad con el legado social de Francisco, León XIV también ha mostrado una faceta más tradicionalista, especialmente en el ámbito litúrgico. La recuperación de ornamentos descartados por su predecesor, un detalle aparentemente menor, revela una posible vuelta a formas más conservadoras en la liturgia. Esta dualidad, entre la tradición y la modernidad, entre el conservadurismo litúrgico y la preocupación social, define la complejidad del nuevo pontífice. Es un hombre, como bien lo describe Barranco, "conservador en lo litúrgico, pero con una visión del mundo profundamente preocupada por los grandes problemas actuales como la pobreza y la migración".
En el terreno político, León XIV se presenta como una figura igualmente compleja. Si bien ha expresado posturas conservadoras en temas sensibles como el aborto o la inclusión de la comunidad LGBT, también ha demostrado una notable capacidad para el diálogo con todas las corrientes, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Su crítica al "trompismo", mencionada por Barranco, no le impide dialogar con los sectores más tradicionalistas. Esta apertura al diálogo, esta capacidad de tender puentes entre posiciones aparentemente irreconciliables, es quizás su mayor fortaleza.
La elección de León XIV, un Papa con un perfil tan singular, abre un período de incertidumbre, pero también de esperanza. Su capacidad de unir a sectores divergentes, su compromiso con la justicia social y su apertura al diálogo son elementos que pueden contribuir a la estabilidad interna de la Iglesia y a su proyección en un mundo cada vez más complejo. Como concluía Alberto Barranco: "Cuando los obispos están unidos, cuando la Iglesia está unida, es más fuerte". El tiempo dirá si León XIV logra estar a la altura del desafío.
Fuente: El Heraldo de México