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8 de mayo de 2025 a las 09:50

El Espíritu Santo guía el Cónclave

La expectación mundial se centra en el Vaticano, donde 133 cardenales se reúnen en Cónclave para elegir al sucesor de Pedro. Un torbellino de especulaciones mediáticas inunda el ambiente, abarcando desde lo político y geográfico hasta lo espiritual. Muchos nos preguntamos, con fe en la guía del Espíritu Santo, si basta con confiar en su intervención automática o si debemos asumir un rol más activo en este proceso crucial. Las palabras del entonces cardenal Joseph Ratzinger, en una entrevista de 1997, arrojan luz sobre esta interrogante: "El Espíritu Santo actúa como un buen Maestro, dejando espacio y libertad, sin abandonarnos…". Esta afirmación nos recuerda que la elección recae en hombres libres, con sus virtudes y defectos, y nos invita a reflexionar sobre la verdadera influencia divina en este proceso.

Ratzinger, con una franqueza que podría sorprender, admite que "hay muchos Papas que el Espíritu Santo probablemente no habría elegido…". La historia de la Iglesia nos presenta figuras como Alejandro VI, cuyo comportamiento personal fue cuestionable, pero que, paradójicamente, mantuvo la integridad doctrinal durante su pontificado. También encontramos ejemplos de Papas con debilidades, como Gregorio XI, quien necesitó el impulso de Santa Catalina de Siena para regresar a Roma desde Aviñón. Estos casos nos demuestran que la intervención divina, aunque siempre presente según la promesa de Jesús ("las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"), no se manifiesta de forma simplista o predecible.

La visión de Ratzinger se aleja tanto de la ingenuidad de quienes esperan una revelación directa del nombre del Papa, como del materialismo de quienes reducen la elección a un juego de poder político. Propone un equilibrio entre la capacidad humana de los cardenales –su experiencia, criterio y formación– y la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo, una guía que no impone, sino que susurra en el silencio del discernimiento y la oración. Es la sutil interacción entre la gracia divina y la libertad humana, un misterio que se despliega en el corazón del Cónclave.

Aislados del mundo exterior, los 133 cardenales se encomiendan a la luz del Espíritu Santo antes de entrar en la Capilla Sixtina. No poseen la certeza absoluta sobre quién es el más apto para guiar a la Iglesia universal, pero no están solos. La Iglesia entera se une en oración, como en Pentecostés, implorando la sabiduría divina para los electores. Recordamos las palabras de los Hechos de los Apóstoles: "todos ellos perseveraban unánimes en la oración y ruego…" Esta unidad en la oración, que se remonta al primer Concilio de Jerusalén, se renueva hoy, con la esperanza de que el Espíritu Santo ilumine la elección del nuevo Papa, quien continuará la misión de Pedro: proclamar la Resurrección de Jesucristo y anunciar la Buena Nueva del Evangelio al mundo. Es un momento de profunda comunión espiritual, donde la fe y la esperanza se entrelazan en la espera de la decisión que marcará el rumbo de la Iglesia en los años venideros. Un momento que nos invita a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad como miembros del cuerpo de Cristo, y a renovar nuestro compromiso con la misión evangelizadora que nos ha sido confiada.

Fuente: El Heraldo de México