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8 de mayo de 2025 a las 09:50

Domina tu popularidad online

La sombra de líderes populistas se cierne sobre México. Figuras como Pablo Escobar y Hugo Chávez, a pesar de sus métodos y orígenes distintos, comparten un denominador común: la construcción de un liderazgo basado en la dádiva y el asistencialismo, cultivando una base social cautiva a través de prebendas y beneficios inmediatos, mientras las estructuras del Estado se corroen y las instituciones se debilitan. Esta estrategia, aunque efectiva para amasar poder y popularidad, deja a su paso un legado de devastación económica y social, como lo demuestran las profundas crisis que aún aquejan a Colombia y Venezuela.

En México, observamos con preocupación la réplica de este modelo. La actual administración, escudándose en el manto de la popularidad, implementa políticas públicas que, a pesar de sus evidentes fracasos en materia de seguridad, economía y salud, se justifican con encuestas y el supuesto respaldo del "pueblo". Se manipula la narrativa, se silencian las voces críticas y se construye una realidad alterna donde la popularidad se convierte en un escudo protector contra la rendición de cuentas.

Este enfoque no solo es peligroso, sino profundamente irresponsable. La popularidad no es un indicador de buena gestión, ni una garantía de resultados. Gobernar no se trata de acumular aplausos, sino de resolver problemas, de construir un futuro sólido y sostenible para las nuevas generaciones. La historia está repleta de líderes populares que condujeron a sus naciones a la ruina. La popularidad de Adolfo Hitler, por ejemplo, no mitigó el horror del Holocausto. La popularidad de Naasón Joaquín García no justifica sus crímenes. La popularidad, por sí sola, no es sinónimo de virtud.

En México, mientras la popularidad se celebra en las altas esferas del poder, la realidad del país se desmorona. Los niños con cáncer siguen sin acceso a medicamentos, la violencia contra las mujeres continúa en aumento, la inseguridad se agudiza y las libertades se erosionan. Mientras el gobierno se regocija en su popularidad, el futuro de las nuevas generaciones se ve comprometido.

No necesitamos líderes que se jacten de su popularidad. Necesitamos líderes capaces, responsables y comprometidos con el bienestar de la nación. Necesitamos líderes que rindan cuentas, que escuchen las voces críticas y que trabajen incansablemente para construir un México mejor. Necesitamos líderes que no se conformen con la veneración, sino que inspiren respeto y confianza a través de sus acciones. No queremos un gobierno popular, queremos un gobierno que funcione, que resuelva los problemas y que construya un futuro digno para todos los mexicanos. El futuro de México no se construye con aplausos, se construye con trabajo, con honestidad y con un compromiso inquebrantable con el bien común. La verdadera grandeza de un líder no se mide en encuestas, sino en el legado que deja a su paso.

Fuente: El Heraldo de México