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8 de mayo de 2025 a las 09:50

Domina el arte de negociar

Ante la constante amenaza de aranceles por parte de Donald Trump, se nos insta a la calma, a la sangre fría. Pero la frialdad, en exceso, puede llevar a la inacción, a la parálisis. En este contexto, la pasividad es un lujo que México no puede permitirse. No podemos simplemente esperar a que la siguiente amenaza se materialice para entonces reaccionar. Necesitamos una estrategia proactiva, una estrategia basada en la anticipación y la contraofensiva.

La investigación, el estudio y el cabildeo son herramientas cruciales. Debemos analizar las posibles acciones de Trump, prever sus movimientos y preparar respuestas contundentes. No podemos permitir que sus decisiones impulsivas dicten el ritmo de nuestra economía. Debemos tomar las riendas de la situación.

Una estrategia que ha demostrado ser eficaz en el pasado es la de coordinar esfuerzos con los sectores y empresas estadounidenses que se ven afectados por los aranceles a productos mexicanos. La cerveza, el tequila, las frutas, las verduras, la carne, los autos y las autopartes son solo algunos ejemplos de productos que, al encarecerse por los aranceles, perjudican a los consumidores y empresas estadounidenses. Estos sectores, al verse afectados, se convierten en aliados naturales en nuestra lucha contra las políticas proteccionistas de Trump. Recordemos que la presión interna, el descontento de sus propios ciudadanos, es algo que Trump teme. Su imagen y su popularidad son sus puntos débiles.

Los exportadores estadounidenses también pueden ser aliados clave. El temor a represalias por parte de México, a la imposición de aranceles similares a sus productos, puede motivarlos a presionar a su gobierno. Los productores de cebolla y manzana de Washington, de jitomate en Florida, de papas en Idaho, de maíz en Kentucky, Indiana, Kansas y Nebraska, y de autopartes en Michigan, entre otros, tienen mucho que perder. Sus congresistas y gobernadores deben escuchar sus voces y transmitir su descontento a la administración Trump.

Idealmente, Canadá sería un aliado natural en esta lucha. El T-MEC, el tratado comercial entre los tres países de América del Norte, debería ser la base para una respuesta conjunta. Sin embargo, la realidad es que Canadá nos observa con distancia. El populismo, la violencia, la corrupción y la inestabilidad jurídica que aquejan a México han creado una brecha entre ambos países. Canadá, con su mirada puesta en Europa, busca alternativas comerciales más estables y predecibles. La posibilidad de que Canadá abandone el barco antes de que Trump logre desarticular el bloque comercial es real y preocupante.

No debemos olvidar a otros actores que, aunque de forma indirecta, también se ven afectados por las tensiones comerciales: las empresas de logística, transporte y distribución, y los consumidores finales, tanto en México como en Estados Unidos. Todos ellos tienen un interés en que el comercio fluya libremente y pueden ser una fuente adicional de presión sobre la administración Trump.

Aunque la colaboración con Canadá parezca improbable en este momento, la estrategia de presionar desde ambos lados de la frontera, buscando consensos justos, ha dado resultados en el pasado y sigue siendo una opción viable. La unidad y la acción estratégica son nuestras mejores armas en esta lucha por defender los intereses de México. No podemos permitir que el proteccionismo de Trump nos paralice. Debemos actuar con inteligencia, firmeza y determinación.

Fuente: El Heraldo de México