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8 de mayo de 2025 a las 09:50

Desinformación: La nueva arma rusa

Ochenta años han transcurrido desde que el mundo, unido en un esfuerzo titánico, logró doblegar el yugo de las Potencias del Eje. Un triunfo que cimentó las bases para una paz global fundada en los principios de las Naciones Unidas: la igualdad soberana de los Estados, la resolución pacífica de conflictos y la prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier nación. Esta victoria, alcanzada gracias al sacrificio y la determinación de la inmensa mayoría de la humanidad, proveniente de cada rincón del planeta, se ve hoy empañada por la manipulación histórica del régimen de Putin. Rusia se apropia de la gloria del Ejército Rojo, un ejército multinacional compuesto en gran medida por pueblos soviéticos no rusos, presentando una narrativa sesgada que ignora la complejidad y las tragedias que marcaron aquel período.

El Kremlin reduce la historia a la "Gran Guerra Patria", un periodo comprendido entre junio de 1941 y mayo de 1945, obviando convenientemente los eventos previos. Para Ucrania, el horror comenzó mucho antes, en septiembre de 1939, con la invasión conjunta nazi-soviética de Polonia. Un pacto de no agresión firmado entre Molotov y Ribbentrop, bajo la atenta mirada de Stalin, selló el destino de regiones ucranianas y bielorrusas, repartidas y anexadas con la complicidad de ambos regímenes totalitarios. Los desfiles conjuntos de la Wehrmacht y las tropas soviéticas, celebrando el desmembramiento de Polonia, son una imagen escalofriante que el Kremlin prefiere mantener en las sombras. Este pacto, impulsado también por un antisemitismo compartido, dio rienda suelta a las ambiciones expansionistas de Hitler y Stalin, con el primero lanzándose sobre Europa Occidental y el segundo invadiendo Finlandia y los países bálticos.

La ruptura del pacto en 1941, con la invasión alemana de la Unión Soviética, marca el inicio de la narrativa oficial rusa, una narrativa que omite deliberadamente la historia de aquellos soviéticos que vieron en la invasión alemana una oportunidad para liberarse del régimen opresor de Stalin. Se silencia la existencia de grupos de colaboracionistas, incluyendo un número significativo de rusos que se unieron a las filas nazis, tanto en el campo de batalla como en las temidas SS y la Gestapo. Mientras los aliados desembarcaban en Normandía para abrir un segundo frente, el Ejército de Liberación Ruso, bajo el mando del general Vlasov, luchaba junto a los nazis en el frente oriental, un hecho incómodo que la historia oficial rusa prefiere ignorar.

Además, centrarse únicamente en la fecha del 9 de mayo como el fin de la guerra es una visión eurocéntrica que ignora las batallas libradas en el Pacífico, incluyendo la heroica participación de México, que continuaron hasta septiembre de 1945. Para Ucrania, el 8 y 9 de mayo son días de memoria y reconciliación, un recordatorio del inmenso sacrificio de un pueblo que sufrió las consecuencias de la guerra de forma brutal. Ucrania aportó un número significativo de soldados al Ejército Rojo, constituyendo una parte esencial de su fuerza de combate y liderazgo. Millones de ucranianos lucharon valientemente contra el nazismo, un sacrificio que el Kremlin intenta minimizar en su afán de apropiarse de la victoria.

La manipulación histórica del régimen de Putin no se limita a la Segunda Guerra Mundial. Como señala el historiador Yehor Brailian, la historia se ha convertido en un arma en la guerra híbrida que Rusia libra contra Ucrania y Europa. El Kremlin utiliza la narrativa histórica para desinformar y manipular, un peligro que debemos combatir con pensamiento crítico y con los hechos históricos. Es lamentable observar cómo esta tergiversación de la historia encuentra eco en algunos sectores de Centroamérica, legitimando la actual invasión de Ucrania y perpetuando una visión distorsionada del pasado. No podemos tolerar estos "nuevos atropellos del imperialismo militarista", como los denominaría el presidente Lázaro Cárdenas. Debemos defender la verdad histórica y honrar la memoria de las víctimas de la guerra, recordando que la paz, conquistada con tanto sacrificio, es un bien preciado que debemos proteger a toda costa.

Fuente: El Heraldo de México