8 de mayo de 2025 a las 07:35
Descubre la Fuente de los Muñecos
Puebla, ciudad de ángeles, de iglesias imponentes y de una historia que susurra en cada rincón. Sus calles empedradas, testigos silenciosas del paso del tiempo, guardan secretos y leyendas que se entretejen con la realidad, creando un aura de misterio que cautiva a locales y visitantes. Entre estas historias, destaca la de la Fuente de los Muñecos, un monumento que a simple vista parece una obra de arte más, pero que esconde una tragedia que ha trascendido generaciones.
Ubicada en Xonaca, uno de los siete barrios originarios que conforman el corazón palpitante de Puebla, la Fuente de los Muñecos no es una fuente cualquiera. Su estructura circular, techada por arcos de cantera que parecen abrazar el pasado, se erige como un guardián de la memoria. El barandal de piedra, adornado con faroles que proyectan sombras danzantes en la noche, delimita un espacio sagrado, un punto de encuentro entre la vida y la muerte, entre la realidad y la leyenda.
En el centro de la fuente, decorada con la vibrante talavera que caracteriza a la ciudad, dos figuras de piedra capturan la atención. Una niña, con sus trenzas cuidadosamente labradas y un libro bajo el brazo, abraza protectoramente a un niño vestido con overol y camisa. Sus miradas, fijas en un punto indefinido, parecen perderse en el recuerdo de un destino trágico. Son la representación inmortal de dos hermanos, hijos de un caballerango al servicio del general Maximino Ávila Camacho, hermano del entonces presidente Manuel Ávila Camacho.
La leyenda cuenta que una mañana, camino a la escuela, los niños fueron sorprendidos por una tormenta implacable. La lluvia torrencial, como un manto oscuro, cubrió las calles de Xonaca. Los pequeños, ajenos al peligro que acechaba, continuaron su camino. Nunca llegaron a su destino. La tierra, sedienta de agua, se abrió bajo sus pies, tragándoselos en un pozo profundo y oscuro. Los vecinos, con el corazón en un puño, buscaron incansablemente, pero sus esfuerzos fueron en vano. Los cuerpos de los niños jamás fueron encontrados.
El general Maximino Ávila Camacho, conmovido por la tragedia, ordenó la construcción de la fuente en el lugar donde se cree que los niños desaparecieron. Un monumento a la inocencia perdida, un recordatorio constante de la fragilidad de la vida. Pero la historia no termina ahí. La leyenda cobra vida en las noches silenciosas, cuando las calles de Xonaca se visten de sombras.
Se dice que en la madrugada, risas infantiles rompen el silencio. Pasos pequeños y apresurados resuenan sobre las piedras mojadas, como si los niños jugaran una eterna partida de escondite. Algunos incluso afirman haber visto a los dos pequeños, empapados por el agua de la fuente, con la mirada fija, como si quisieran recordar el mundo de los vivos antes de volver a su prisión de piedra.
La Fuente de los Muñecos, más que un simple monumento, es un portal a lo desconocido, un testimonio de la fuerza de la memoria colectiva y un recordatorio de que, en Puebla, la historia y la leyenda se entrelazan en una danza eterna. Un lugar donde la realidad se difumina y la imaginación toma el control, invitándonos a explorar los misterios que se esconden tras la belleza de una ciudad milenaria. ¿Será verdad? ¿Serán solo historias para asustar a los niños? Quizás la respuesta se encuentre en el susurro del viento que recorre las calles de Xonaca, en el reflejo de la luna sobre la fuente o en la mirada enigmática de las dos figuras de piedra que, en la quietud de la noche, parecen cobrar vida.
Fuente: El Heraldo de México