8 de mayo de 2025 a las 09:50
Descubre el legado de Zedillo
La memoria es caprichosa, a veces nos trae imágenes nítidas como las fotografías de Elías Chávez, congelando instantes de tensión como aquel enfrentamiento juvenil de 1968. Me viene a la mente el joven melenudo de esas fotos, y luego el recuerdo salta a dos encuentros con Ernesto Zedillo: uno en la Hacienda de Guadalupe, con el eco aún vibrante del discurso del Dr. Javier Garciadiego, y otro en Saltillo, años después. El tiempo, como un río, arrastra todo hacia el presente, y ese joven melenudo es ahora el autor de un texto que ha generado controversia. Un texto publicado en la revista de Enrique Krauze, nada menos. Un texto que cuestiona al régimen actual y a su líder.
Lo interesante es que las críticas no son nuevas, forman parte del discurso público, del análisis político cotidiano. Sin embargo, la reacción ha sido desmedida, orquestada por la maquinaria propagandística de Morena, con su arsenal de falacias, injurias y amenazas. Una estrategia recurrente: la descalificación personal, la búsqueda incesante de algún pecado original, la etiqueta de "neoliberal" o "prianista" como si fueran estigmas. Contra Zedillo se ha desatado una andanada de adjetivos: aliado de banqueros, omiso en la lucha contra el crimen… Una construcción artificial del enemigo, una cortina de humo.
Si analizamos con objetividad el sexenio de Zedillo, los números hablan por sí solos: mejores indicadores en homicidios, deuda pública y su proporción respecto al PIB. ¿Enfrentó dificultades? Por supuesto, como cualquier presidente de un país con los desafíos de México. Pero tuvo la grandeza democrática de entregar el poder a un partido opositor, a Vicente Fox. Un acto que algunos, desde la trinchera oficialista, consideran una simple obligación, obviando el contexto y la historia reciente de nuestro país. Recordemos la marcada tendencia de López Obrador a intervenir en procesos electorales, particularmente contra candidatas, revelando una preocupante vena misógina.
Zedillo, en cambio, mantuvo una sana distancia con el PRI, una prueba irrefutable de su talante democrático. Recuerdo su sencillez en aquel evento en Saltillo, cómodo con sus zapatos de suela de plástico y un traje modesto. Un hombre que vive de su trabajo, alejado de la ostentación.
Y ahora, lo convierten en el "neoliberal perfecto", el villano de la película, para distraer la atención de lo verdaderamente importante: la inminente aprobación de una ley de telecomunicaciones que podría allanar el camino hacia un Estado autoritario. Mientras tanto, Morena, con la oportunidad en sus manos, se ha negado sistemáticamente a cancelar el Fobaproa. La memoria, a veces, es selectiva. Pero las fotografías, como las de Elías Chávez, permanecen como testigos silenciosos del tiempo.
Fuente: El Heraldo de México