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8 de mayo de 2025 a las 09:50

Descubre el destino de Morena

La advertencia lanzada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a la militancia de Morena resuena con la fuerza de una verdad incómoda: el poder, como un seductor implacable, puede corromper incluso los ideales más firmes. El meteórico ascenso de Morena, impulsado por la figura carismática de Andrés Manuel López Obrador, lo ha llevado a una posición dominante en el panorama político mexicano. Sin embargo, esta rápida conquista del poder ha generado un peligroso vértigo, una embriaguez que amenaza con desdibujar los principios éticos y la conexión con las bases populares que dieron origen al movimiento.

La concentración de poder en manos de Morena es innegable: Presidencia, Congreso, gubernaturas… un dominio absoluto que, de no manejarse con prudencia y responsabilidad, puede transformarse en un caldo de cultivo para la prepotencia, la imposición y, lo que es aún más grave, la corrupción. Si bien el discurso oficial niega la existencia de estas prácticas y presume de su erradicación, la realidad, palpable en muchas oficinas públicas, nos muestra un panorama diferente. La opacidad y la resistencia a la rendición de cuentas son síntomas preocupantes que deben ser atendidos con urgencia.

La honestidad y austeridad que caracterizaron la gestión de AMLO y que, afortunadamente, se mantienen en el gobierno de Sheinbaum, son un ejemplo a seguir. Sin embargo, no basta con la rectitud en la cúpula del poder. Es necesario que esta ética impregne todos los niveles de la administración pública, desde los más altos cargos hasta los funcionarios de base. La transparencia y la rendición de cuentas deben ser la norma, no la excepción. De lo contrario, la confianza ciudadana, ese pilar fundamental sobre el que se sostiene el proyecto de Morena, se irá erosionando irremediablemente.

El llamado de la Presidenta a "no confiarse" no es una simple exhortación, es una advertencia crucial. La historia está repleta de ejemplos de movimientos políticos que, tras alcanzar el poder, olvidaron sus orígenes y traicionaron los ideales que los llevaron a la cima. Morena no puede permitirse caer en esa trampa. El pueblo, esa fuerza viva que impulsó su ascenso, no debe ser reducido a una mera mención retórica. Debe ser la razón de ser, el motor y el destino de todas las acciones de gobierno.

La alusión a ciertos comportamientos dentro del Congreso, aunque sin mencionar nombres específicos, pone el dedo en la llaga sobre un tema delicado: el uso discrecional de los recursos públicos. El dispendio, los privilegios excesivos y la falta de transparencia en el manejo del presupuesto son una afrenta a la austeridad predicada por el movimiento y, sobre todo, una traición a la confianza depositada por el pueblo. Es imperativo que se implementen mecanismos de control más rigurosos y se promueva una cultura de la austeridad en todos los ámbitos del gobierno.

La denuncia de Adán Augusto sobre presuntas desviaciones de recursos durante la gestión de Ricardo Monreal en el Senado, aunque aparentemente resuelta, deja un sabor amargo y una pregunta sin respuesta: ¿qué pasó con el dinero? La impunidad no puede ser tolerada. La justicia debe actuar con imparcialidad, investigando a fondo las acusaciones y sancionando a los responsables, sin importar su posición o influencia política. Solo así se podrá fortalecer la confianza en las instituciones y garantizar la transparencia en el manejo de los recursos públicos.

El futuro de Morena depende de su capacidad para mantenerse fiel a sus principios. Si se deja seducir por las mieles del poder, olvidando sus orígenes y compromisos con el pueblo, su declive será inevitable. La advertencia de la Presidenta es clara: no hay futuro sin memoria, no hay victoria sin principios. El pueblo, ese gigante dormido que despertó para transformar a México, estará vigilante.

Fuente: El Heraldo de México