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8 de mayo de 2025 a las 09:51
Cooperación global con enfoque feminista
La diplomacia, en pleno siglo XXI, se enfrenta a retos complejos que exigen nuevas perspectivas y enfoques. Ya no basta con las negociaciones tradicionales entre Estados; es crucial incorporar la visión de la mitad de la población mundial: las mujeres. El reciente panel organizado por la Red de Mujeres Diplomáticas en México nos ha brindado una visión esperanzadora y, sobre todo, pragmática, de cómo la diplomacia feminista no es una simple etiqueta, sino una herramienta poderosa para la transformación global.
Escuchar las experiencias de Canadá, Francia y Nueva Zelanda, países pioneros en la integración de la perspectiva de género en sus políticas exteriores, nos invita a reflexionar sobre la urgencia de replicar estos modelos. Canadá, con su enfoque basado en cuatro pilares fundamentales, desde la asistencia internacional con perspectiva de género hasta el comercio inclusivo, demuestra que la equidad no es solo un discurso, sino una política pública transversal que impacta desde el presupuesto federal hasta las relaciones internacionales. El análisis interseccional obligatorio en el presupuesto canadiense es un ejemplo concreto de cómo se puede aterrizar la teoría en la práctica, asegurando que las políticas públicas beneficien a todas las personas, considerando las múltiples discriminaciones que pueden enfrentar.
Francia, por su lado, nos presenta una estrategia nacional ambiciosa, construida a través del diálogo y la consulta con diversos actores. Su enfoque innovador, que incluye la acción climática feminista y la promoción de la equidad en la inteligencia artificial, nos muestra que la diplomacia feminista es capaz de abordar los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo. La decisión de Francia de ser la sede de la próxima Conferencia Interministerial sobre Políticas Exteriores Feministas refuerza su compromiso y liderazgo en este ámbito.
La experiencia de Nueva Zelanda, con su enfoque holístico que integra la perspectiva indígena maorí, nos recuerda la importancia de la interculturalidad en la construcción de una diplomacia verdaderamente inclusiva. Priorizar el liderazgo de las mujeres, la salud sexual y reproductiva y el empoderamiento económico, son acciones concretas que demuestran la voluntad política de transformar la realidad.
Sin embargo, el camino hacia una diplomacia feminista no está exento de obstáculos. El resurgimiento de discursos antiderechos y la persistencia de brechas salariales y de representación dentro de los propios servicios diplomáticos son desafíos que debemos afrontar con determinación. La anécdota compartida sobre las diplomáticas que, tras su licencia de maternidad, ven estancadas sus carreras, es un ejemplo claro de las barreras invisibles que aún persisten.
A pesar de estos desafíos, hay motivos para el optimismo. El financiamiento directo a organizaciones feministas por parte de Francia, las políticas para cerrar la brecha de género en el acceso a las tecnologías impulsadas por Canadá y Nueva Zelanda, son ejemplos concretos de cómo la diplomacia feminista puede generar un impacto real en la vida de las mujeres.
La diplomacia feminista no es una moda pasajera, es una necesidad imperante. Es una forma de diplomacia que interpela las estructuras de poder, que construye puentes entre diferentes culturas y que transforma las relaciones internacionales. Es una diplomacia que no solo defiende los derechos de las mujeres en los foros internacionales, sino que también se revisa a sí misma, promoviendo la participación de las mujeres en todos los niveles de decisión.
En un contexto global marcado por la polarización y el retroceso en derechos, la Red de Mujeres Diplomáticas en México se erige como un espacio vital para el intercambio de experiencias, la construcción de alianzas y la generación de estrategias conjuntas. El mensaje es claro: cuando las mujeres ocupan espacios de poder, no solo cambian las reglas del juego, cambian el juego por completo. Y en ese nuevo juego, la diplomacia feminista es la clave para construir un mundo más justo, equitativo y sostenible para todas y todos.
Fuente: El Heraldo de México