8 de mayo de 2025 a las 21:35
Celebra a Mamá con la Palabra de Dios
El Día de las Madres es una fecha marcada en el calendario con el cariño más profundo. Es el día en que celebramos a esas mujeres que nos dieron la vida, que nos guiaron con paciencia y amor, que nos enseñaron a dar nuestros primeros pasos y a volar con nuestras propias alas. Y aunque cualquier día es perfecto para honrarlas, esta fecha nos invita a detenernos y reflexionar sobre la invaluable presencia de las madres en nuestras vidas. Más allá de los regalos materiales, lo que verdaderamente anhela una madre es el reconocimiento, el cariño sincero y la expresión genuina de nuestro amor.
La Biblia, fuente inagotable de sabiduría, nos ofrece hermosos pasajes que, si bien no mencionan explícitamente la palabra "madre", reflejan la esencia misma de la maternidad: la protección, la guía, la entrega incondicional y el amor inquebrantable. El Salmo 127, por ejemplo, nos habla de la bendición que representan los hijos, "herencia de Jehová", un tesoro invaluable que llena de gozo el corazón de una mujer. Imaginen la alegría de una madre al leer estas palabras, al comprender que su labor es vista y valorada por Dios mismo.
El Salmo 22, en su conmovedor versículo 9, nos remite a la dependencia absoluta que tenemos de nuestra madre desde el momento mismo de nuestro nacimiento: "Pero tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba en los pechos de mi madre". Esta imagen de protección y seguridad, de cobijo en los brazos maternos, resuena profundamente en el corazón de cualquier persona que haya experimentado el amor de una madre. Es un recordatorio de la conexión primordial, del vínculo indisoluble que nos une a ella.
Más allá de los salmos, podemos expresar nuestro amor y gratitud a través de una oración personal. No necesitamos palabras rebuscadas ni frases grandilocuentes, basta con la sinceridad que brota del corazón. Podemos dar gracias a Dios por el don de la vida, por la presencia de nuestra madre en nuestro camino, por sus enseñanzas, por su amor incondicional. Podemos pedirle a Dios que la bendiga con salud, con paz, con la fortaleza necesaria para afrontar los desafíos de la vida.
Imaginen la emoción de una madre al recibir una carta escrita con nuestra propia letra, con palabras que brotan del alma, con un mensaje de amor y agradecimiento. Un detalle sencillo, pero cargado de significado, que atesorará por siempre. Acompañen esa carta con una planta, símbolo de vida y crecimiento, un recordatorio del amor que florece y se fortalece con el paso del tiempo.
Este Día de las Madres, vayamos más allá de los convencionalismos. Regalemos tiempo, regalemos presencia, regalemos palabras que expresen lo que sentimos. Recordemos que el amor de una madre es un tesoro invaluable, un regalo divino que debemos cuidar y atesorar cada día de nuestras vidas. Honrémoslas, amémoslas, hagámosles saber lo importantes que son para nosotros. Porque el amor de una madre es la luz que ilumina nuestro camino, la fuerza que nos impulsa a seguir adelante, el refugio seguro en medio de la tormenta.
Fuente: El Heraldo de México