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8 de mayo de 2025 a las 07:00

Casa de futbolista ecuatoriano atacada con explosivos

La tranquilidad de la madrugada esmeraldeña se vio brutalmente interrumpida. Un estallido, el resplandor del fuego, el olor acre de la gasolina quemada… imágenes que se graban a fuego en la memoria de quienes las presencian. Y esta vez, las víctimas fueron la familia del reconocido futbolista ecuatoriano Juan Cázares. Tres figuras encapuchadas, fantasmas nocturnos movidos por la oscura intención de intimidar y sembrar el terror, irrumpieron la paz del hogar materno del jugador. Las bombas molotov, armas de cobardes, dibujaron una escena dantesca en el sector de Nuevo Quinindé, un recordatorio cruel de la vulnerabilidad que se vive a diario en un país asolado por la inseguridad.

Las cámaras de seguridad, testigos silenciosos del violento acto, registraron cada detalle, cada movimiento de los agresores. La frialdad con la que actuaron, rociando gasolina y lanzando los artefactos incendiarios, es un reflejo escalofriante de la normalización de la violencia en ciertos sectores. El parqueadero, la terraza, el balcón… cada espacio alcanzado por las llamas se convierte en un símbolo de la impotencia ante el avance del crimen organizado. Afortunadamente, las llamas no alcanzaron a propagarse dentro de la vivienda, evitando una tragedia mayor. Sin embargo, el daño material es considerable, pero palidece ante el daño emocional infligido a la familia Cázares.

Este ataque, que según fuentes policiales estaría ligado a extorsiones por parte de grupos delincuenciales, no es un hecho aislado. Es un eslabón más en la larga cadena de violencia que azota a la provincia de Esmeraldas, donde la extorsión se ha convertido en el pan de cada día para muchos ciudadanos. Los grupos criminales, amparados en la impunidad, siembran el terror utilizando tácticas cada vez más violentas, convirtiendo la vida de personas honestas en una pesadilla constante. El uso de explosivos, como en este caso, demuestra la escalada de violencia y la necesidad urgente de medidas contundentes por parte de las autoridades.

La figura de Juan Cázares, un joven que ha llevado el nombre de Ecuador en alto en el ámbito deportivo, se ve ahora ensombrecida por la amenaza que se cierne sobre su familia. Su trayectoria, marcada por el éxito en clubes de renombre como River Plate y Atlético Mineiro, contrasta con la cruda realidad que se vive en su tierra natal. La ausencia del jugador en el momento del ataque no minimiza el impacto emocional del suceso. La angustia de saber a su madre expuesta a semejante peligro, la impotencia de estar lejos mientras su familia es víctima de la violencia, son sentimientos que sin duda lo marcan profundamente.

La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la impunidad seguirá reinando? ¿Hasta cuándo las familias ecuatorianas vivirán con el miedo constante de ser víctimas de la violencia? Es hora de que las autoridades tomen medidas drásticas para combatir la delincuencia y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. La paz y la tranquilidad no pueden ser un privilegio, sino un derecho fundamental. El caso de la familia Cázares debe ser un llamado de atención, una señal de alarma que nos impulse a exigir un cambio real y duradero. No podemos permitir que la violencia siga ganando terreno, no podemos permitir que el miedo nos paralice. Es hora de unirnos como sociedad y decir ¡basta!

Fuente: El Heraldo de México