8 de mayo de 2025 a las 06:15
Adolescentes sentenciados por tráfico de hormigas
La creciente demanda por especies exóticas ha alcanzado un nuevo nivel, desatando una batalla legal en las áridas tierras de Kenia. No se trata de leones o elefantes, sino de hormigas, específicamente reinas, las matriarcas de colonias que se han convertido en el nuevo objeto de deseo para coleccionistas internacionales. Imaginen la escena: un tribunal en el bullicioso Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta de Nairobi, donde cuatro hombres, dos de ellos apenas rozando la adultez, se enfrentan a la justicia por intentar sacar clandestinamente miles de estas pequeñas pero vitales criaturas.
La historia, digna de una película de suspense, comienza con dos jóvenes belgas, Lornoy David y Seppe Lodewijckx, apresados en una casa de huéspedes en Naivasha, con un botín de 5,000 hormigas reina meticulosamente empaquetadas en tubos de ensayo, como si se tratara de un tesoro invaluable. La imagen es casi surrealista: 2,244 tubos de ensayo, cada uno con su diminuta carga, un ejército silencioso listo para conquistar nuevos territorios, no por la fuerza, sino por la codicia humana.
Paralelamente, en la vibrante Nairobi, Duh Hung Nguyen, un vietnamita de 23 años, y Dennis Ng’ang’a, un keniano de 26, caen en las redes de la justicia con 400 hormigas reina en jeringas y contenedores, un método igualmente ingenioso para burlar los controles. La operación, planeada con precisión, revela una red de tráfico de vida silvestre que se extiende más allá de las fronteras africanas, alcanzando los mercados de Europa, Asia y América del Norte.
La defensa de los jóvenes belgas, que alegaron coleccionar hormigas como un simple pasatiempo, se desmorona ante la evidencia: la cantidad desmesurada de hormigas y su potencial valor en el mercado negro. La magistrada Njeri Thuku, con la firmeza de quien protege un tesoro natural, desestima la justificación y lanza una advertencia al mundo: "Recolectar unas pocas hormigas puede ser un pasatiempo, pero poseer 5,000 hormigas reina va más allá. Ya hemos perdido muchas especies por la codicia. Es hora de detener esta marea”.
Y es que el valor de estas hormigas, especialmente la especie Messor cephalotes, conocida como la hormiga recolectora gigante africana, alcanza cifras astronómicas en el mercado internacional. Se habla de hasta 170 libras esterlinas por ejemplar en el Reino Unido, lo que significa que el cargamento incautado podría valer cerca de un millón de dólares. Una fortuna construida sobre la explotación de una especie vital para el ecosistema africano.
El caso desvela la compleja trama del tráfico ilegal de vida silvestre, que ya no se limita a los animales emblemáticos de la sabana africana. Ahora, insectos, aparentemente insignificantes, se convierten en víctimas de la biopiratería, un delito que despoja a los países de su patrimonio natural.
La sentencia, un año de prisión o una multa de 7,700 dólares para cada uno de los acusados, es un triunfo para el Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS), que celebra la decisión como un hito en la lucha contra el tráfico de especies. El mensaje es claro: Kenia no tolerará la explotación de su biodiversidad, por pequeña que sea la especie.
Este caso, sin precedentes, nos obliga a reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones en el delicado equilibrio de la naturaleza. ¿Hasta dónde llegará la codicia humana? ¿Seremos capaces de apreciar el valor intrínseco de cada especie, por pequeña e insignificante que parezca, antes de que sea demasiado tarde? El futuro de nuestro planeta depende de la respuesta.
Fuente: El Heraldo de México