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7 de mayo de 2025 a las 23:55

Tragedia: Encuentran sin vida a joven vendedor

La conmoción se apodera de Machagai, Chaco, tras el brutal asesinato de Alejandro Emanuel Meza, un joven de tan solo 25 años. La tragedia comenzó con la ilusión de una venta, una pulsera de oro adquirida recientemente que Alejandro buscaba vender para obtener un beneficio. Logró concretar la transacción por el doble de su valor inicial, una noticia que sin duda lo llenó de alegría. Pero ese momento de satisfacción se convirtió en el preludio de una pesadilla. Salió a entregar la joya y se desvaneció en el aire, dejando tras de sí un rastro de angustia y desesperación.

La motocicleta abandonada, muda testigo de la tragedia, fue la primera señal de alarma para la familia. La incertidumbre se transformó en pánico con el paso de las horas, y la madre de Alejandro, con el corazón desgarrado, acudió a la comisaría local para denunciar su desaparición. Cada minuto que pasaba aumentaba la angustia, cada silencio se convertía en una puñalada. La denuncia activó todos los protocolos de búsqueda, la maquinaria judicial comenzó a girar, con la fiscalía y la División de Investigaciones de Sáenz Peña tomando las riendas del caso.

Las primeras pesquisas se centraron en el círculo cercano de Alejandro. Amigos, conocidos, cualquier persona que pudiera arrojar luz sobre su paradero. Y fue precisamente el testimonio de allegados lo que comenzó a tejer la trama de este horrendo crimen. Se supo que Alejandro no estaba solo al momento de su desaparición, dos figuras lo acompañaban, dos sombras que pronto se convertirían en los principales sospechosos.

Un testigo clave, como un rayo de luz en medio de la oscuridad, aportó un dato crucial: vio a dos hombres forzando a Alejandro a entrar en un Renault Logan. La imagen, grabada en su memoria, se convirtió en la pieza fundamental del rompecabezas. Las cámaras de seguridad de la zona corroboraron el testimonio, dibujando la ruta de escape de los captores y abriendo el camino hacia la verdad.

Con las evidencias sobre la mesa, la orden de detención no se hizo esperar. Dos hombres, uno de 35 y otro de 21 años, fueron capturados. El interrogatorio, tenso y dramático, desnudó la crueldad del crimen. El mayor de los detenidos confesó haber disparado contra Alejandro, arrebatándole la vida sin piedad. Su cómplice, atrapado en la red de la justicia, admitió haber participado en la ocultación del cuerpo, un acto macabro que buscaba borrar las huellas del delito.

La confesión condujo a los investigadores a Pueblo Viejo, una zona rural donde se ocultaba el revólver calibre .38, el arma que segó la vida de Alejandro. Cerca de allí, en un camino aledaño, yacía su cuerpo sin vida, un testimonio silencioso de la violencia que le arrebató el futuro. El cuerpo fue recuperado, entregado a las autoridades para que la autopsia revelara los detalles de la tragedia.

Mientras los sospechosos permanecen detenidos, la familia de Alejandro clama por justicia. Piden que el asesinato no quede impune, que el peso de la ley caiga sobre los responsables de este acto de barbarie. Machagai llora la pérdida de un joven lleno de vida, víctima de la avaricia y la violencia. La comunidad se une en el dolor y en la esperanza de que se haga justicia, para que la memoria de Alejandro no se pierda en el olvido. La lucha por la justicia recién comienza, una lucha que busca honrar la vida truncada de un joven que solo buscaba un futuro mejor.

Fuente: El Heraldo de México