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7 de mayo de 2025 a las 19:10

Sonda espacial de 50 años ¡podría caer en la Tierra!

Cincuenta y tres años vagando en el silencio cósmico. Cincuenta y tres años como un fantasma tecnológico, un recordatorio de las ambiciones y fracasos de una era pasada. La sonda Cosmos 482, un vestigio de la carrera espacial soviética, se prepara para su regreso, no como un héroe conquistador, sino como una amenaza latente, una espada de Damocles orbitando sobre nuestras cabezas. Lanzada en 1972 con la esperanza de alcanzar Venus, la misión fracasó estrepitosamente, dejando a la sonda atrapada en la órbita terrestre, un eterno cautivo del campo gravitatorio de nuestro planeta.

Ahora, este espectro del pasado se acerca a su inevitable encuentro con la Tierra. La NASA, la agencia espacial estadounidense, ha emitido un pronóstico, una ventana de tiempo que se extiende desde el 7 al 12 de mayo, días en los que la Cosmos 482 podría precipitarse hacia nosotros. La incertidumbre se cierne sobre la situación. A diferencia de las reentradas controladas, donde la trayectoria se calcula con precisión para minimizar el riesgo, la caída de la Cosmos 482 es un salto al vacío. Nadie sabe dónde impactará. Podría ser en el océano, perdiéndose en las profundidades abisales. Podría ser en un desierto remoto, dejando una cicatriz metálica en la arena. O, en el peor de los casos, podría ocurrir sobre una zona poblada, convirtiendo un pedazo de historia espacial en una tragedia.

La construcción robusta de la sonda, diseñada para soportar las inclemencias de la atmósfera venusiana, es ahora un factor de preocupación. Mientras que algunos expertos, como Marco Langbroek de la Universidad de Delft, creen que la reentrada atmosférica desintegrará la sonda, la posibilidad de que fragmentos significativos sobrevivan al descenso es real. Imaginen: pedazos de metal, impregnados con la historia de la Guerra Fría, cayendo del cielo como meteoritos artificiales. Una ironía cruel: la sonda que nunca alcanzó su destino, podría finalmente alcanzar la superficie de un planeta, pero no del que se esperaba.

La Cosmos 482 se convierte en un símbolo. Un símbolo de la ambición humana, de nuestra capacidad para alcanzar las estrellas, pero también de nuestra falibilidad, de los riesgos inherentes a la exploración del cosmos. Cada órbita que completa es un tic-tac del reloj cósmico, una cuenta regresiva hacia un desenlace incierto. El mundo observa, expectante, mientras este fantasma tecnológico se acerca a su destino final. ¿Será un suspiro silencioso en la inmensidad del océano? ¿Un estruendo metálico en un desierto desolado? ¿O un evento catastrófico que marcará la historia? Solo el tiempo lo dirá.

Mientras tanto, la Cosmos 482 continúa su danza macabra alrededor de la Tierra, un recordatorio constante de que el espacio, aunque fascinante, también puede ser implacable. Un recordatorio de que las huellas de nuestro pasado, incluso aquellas que creíamos perdidas en la inmensidad del cosmos, pueden regresar para confrontarnos. Y un recordatorio, quizás el más importante, de la fragilidad de nuestro planeta y de la necesidad de una exploración espacial responsable y sostenible.

Fuente: El Heraldo de México