7 de mayo de 2025 a las 23:45
Sobrino asesinado por "malas notas": detenido el tío
La tragedia que ha enlutado al municipio de La Plata, Huila, nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la vida, especialmente la de los niños, y la necesidad imperiosa de protegerlos de la violencia que, lamentablemente, a veces se esconde en el seno familiar. La muerte de Yosuar Smith Cabrera, un pequeño de tan solo cinco años, a manos de su tío, quien debía ser su protector, ha conmocionado a toda Colombia y ha dejado al descubierto una serie de fallas en el sistema que debieron haber prevenido este fatal desenlace.
Las heridas que presentaba el pequeño Yosuar, descritas por el subgerente del Hospital Departamental San Antonio de Padua, César González, pintan un cuadro desgarrador de la violencia que este niño soportó. Multiples golpes en el tórax, abdomen y extremidades, no son producto de un simple correctivo, sino de una brutal agresión, una descarga de furia inexplicable contra un ser indefenso. La justificación del tío, James Alberto Caicedo, de haberle propinado diez correazos por una tarea mal hecha, resulta escalofriante e inaceptable. Ningún error escolar, por grave que sea, justifica semejante castigo. Este argumento no solo es una burda excusa, sino que revela una profunda distorsión de los valores y una preocupante falta de empatía.
Las condiciones precarias en las que vivía Yosuar, obligado a dormir en el suelo de la sala, son un indicativo de la vulnerabilidad en la que se encontraba. ¿Dónde estaban las instituciones que deben velar por el bienestar de los niños? ¿Por qué no se detectó a tiempo esta situación de riesgo? El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) debe responder a estas preguntas y asumir su responsabilidad en este caso. Es fundamental revisar los protocolos de atención y fortalecer las estrategias de prevención para evitar que tragedias como esta se repitan.
La confesión del agresor y su prontuario delictivo, con antecedentes por estupefacientes y porte de armas de fuego, agregan aún más sombras a este doloroso panorama. Es evidente que este hombre no estaba en condiciones de cuidar a un niño y, sin embargo, tenía su custodia legal. ¿Cómo fue posible que se le otorgara esta responsabilidad? Es necesario revisar los procesos de asignación de custodia y garantizar que se priorice siempre el interés superior del menor.
El desgarrador clamor de la madre de Yosuar, Michel Caicedo, clamando por ver a su hijo por última vez, conmueve hasta lo más profundo. Su petición, negada por el Inpec, añade otra capa de dolor a esta tragedia. Si bien es cierto que existen normas que regulan el ingreso de cuerpos a centros penitenciarios, es importante considerar la excepcionalidad de este caso y la necesidad de brindar un mínimo de humanidad a una madre que ha perdido a su hijo en circunstancias tan terribles. La solidaridad de las reclusas del Buen Pastor, quienes realizaron una colecta para trasladar el cuerpo a Bogotá, demuestra que la compasión y la empatía aún existen en medio del dolor.
La muerte de Yosuar no puede quedar impune. Es un llamado a la sociedad, a las instituciones y a cada uno de nosotros a redoblar esfuerzos para proteger a los niños, a denunciar cualquier situación de maltrato y a exigir justicia para las víctimas. No podemos permitir que la violencia siga robando la infancia y truncando vidas llenas de promesas.
Fuente: El Heraldo de México