7 de mayo de 2025 a las 20:05
Novia protege a ladrón de linchamiento
La tensión se palpaba en el aire de San Pedro Totoltepec, Toluca. Un grito desgarrador rompió la calma de la tarde, la señal de auxilio de alguien que estaba siendo asaltado a punta de cuchillo. La respuesta de la comunidad fue inmediata y contundente. Vecinos de la localidad, con la valentía que nace de la solidaridad, acudieron al llamado y, en un acto conjunto, lograron desarmar al presunto asaltante, quien terminó en el suelo, justo afuera de una tienda 3B, ubicada en la calle Independencia.
Lo que en un principio fue un acto de defensa propia, pronto se transformó en una escena de justicia por mano propia. La frustración contenida, el miedo y la rabia ante la inseguridad se desbordaron. La víctima del intento de robo, junto con quienes le habían ayudado, comenzaron a propinarle patadas al presunto delincuente. La furia colectiva crecía a cada golpe, alimentada por la impotencia y el hartazgo.
Los rumores volaban entre la multitud. Algunos aseguraban que el intento de asalto se había originado dentro del mismo establecimiento 3B, aunque la versión oficial apuntaba a que el incidente había comenzado en la calle. En medio del caos, el llanto del presunto asaltante se mezclaba con los gritos de la gente. "¡Ya no me peguen!", suplicaba, mientras su cuerpo recibía una lluvia de golpes y reclamos. La escena, capturada por testigos y rápidamente difundida en redes sociales, se viralizó con la velocidad de un rayo, generando un intenso debate sobre los límites de la justicia y la legitimidad de la violencia.
En una de las grabaciones, se escucha la voz de un hombre que grita: "¿Es la rata, no?". La pregunta, más que una interrogante, era una afirmación, un juicio sumario pronunciado en la calle, en medio del tumulto. La indignación se extendía como una mancha de aceite, mientras el presunto ladrón, acorralado y a merced de la turba enfurecida, se encogía buscando una salida que no existía.
Una voz femenina intentó romper el ciclo de violencia. "¡Suéltenlo!", imploraba, pero sus palabras se perdían en el griterío. Le respondieron que se trataba de un asaltante, un argumento que parecía justificar la golpiza. Al fondo, el llanto desconsolado de otra mujer, presumiblemente la pareja del agredido, añadía otra capa de dramatismo a la escena. Sus súplicas desesperadas por detener la agresión resonaban en el aire, cargadas de angustia y temor.
La cámara se acercaba al centro del tumulto, revelando a una mujer aferrada al cuerpo del hombre golpeado, como un escudo humano contra la furia de la multitud. Era su pareja, dispuesta a todo para protegerlo de la ira colectiva. "¡Ya me lo mataron!", gritaba con desesperación, mientras intentaba cubrirlo con su propio cuerpo. "¡Déjenlo! ¡Ya por favor!".
El presunto ladrón quedó tendido en el suelo, afuera de la tienda 3B, en la calle Independencia de San Pedro Totoltepec. La imagen, cruda y desgarradora, reflejaba la compleja realidad de una comunidad harta de la inseguridad, donde la línea entre la justicia y la venganza se difumina en medio del dolor y la frustración. El incidente, que casi termina en linchamiento, abrió un profundo debate sobre la necesidad de fortalecer las instituciones y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos, evitando que la desesperación conduzca a actos de violencia desmedida. La pregunta que resonaba en el aire, más allá del eco de los golpes y los gritos, era: ¿qué tipo de sociedad queremos construir? ¿Una basada en la justicia o en la venganza?
Fuente: El Heraldo de México