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7 de mayo de 2025 a las 18:15

Música: ¿Alternativa a los narcocorridos?

La música, ese lenguaje universal que nos conecta, nos mueve y nos hace vibrar, ha estado siempre en el centro del debate. ¿Qué escuchamos? ¿Qué mensajes absorbemos? ¿Qué valores transmitimos a través de las melodías que nos acompañan? Estas preguntas resuenan con fuerza en el contexto actual, donde géneros como los corridos tumbados han ganado terreno, generando controversia por sus letras, a menudo asociadas con la apología de la violencia y el narcotráfico.

La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, se ha pronunciado al respecto, destacando la importancia de no satanizar un género musical en su totalidad. No se trata, según sus palabras, de censurar la innovación ni la expresión artística de los jóvenes, sino de analizar el contenido que se difunde a través de estas nuevas formas musicales. El corrido tumbado, como cualquier otro género, puede ser un vehículo para transmitir mensajes positivos, historias de amor, desamor, reflexiones sobre la vida, la naturaleza, la paz… El problema radica, sin duda, en la romantización de la violencia y el consumo de drogas, temas recurrentes en algunas de estas canciones.

La discusión se torna aún más compleja cuando se plantea la necesidad de una regulación a nivel federal. ¿Prohibir o educar? ¿Censurar o fomentar la creación de contenidos alternativos? Algunos estados se inclinan por la prohibición explícita, argumentando la necesidad de proteger a la sociedad de la influencia negativa de estas letras. Sin embargo, la jefa de Gobierno apuesta por la educación y la orientación, promoviendo la creación de espacios donde los jóvenes puedan explorar otras formas de expresión musical, donde la creatividad se canalice hacia la construcción de un discurso más positivo y enriquecedor.

En este sentido, la iniciativa "México Canta" surge como una alternativa, una plataforma para impulsar el talento y la creación de música con valores. Un espacio donde los jóvenes pueden encontrar inspiración y compartir sus propias historias, alejadas de la violencia y la apología del delito. Se espera que este concurso se convierta en un semillero de nuevos artistas, comprometidos con la construcción de una sociedad más pacífica y justa, a través del poder transformador de la música.

La pregunta que queda en el aire es: ¿será suficiente la educación y la promoción de contenidos alternativos para contrarrestar la influencia de los narcocorridos y los corridos tumbados con letras problemáticas? ¿O será necesaria una regulación más estricta, incluso la prohibición, para proteger a los jóvenes de la exposición a estos mensajes? El debate está abierto, y la solución, sin duda, requiere un enfoque integral que involucre a la sociedad en su conjunto, desde las familias hasta las instituciones educativas y gubernamentales. El objetivo final es claro: construir un entorno donde la música sea un instrumento de paz, un vehículo para la expresión y un motor para el desarrollo humano integral.

Fuente: El Heraldo de México