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7 de mayo de 2025 a las 09:40

Limpia tu juego: el precio de la trampa

La expulsión del León del Mundial de Clubes ha generado una ola de reacciones, desde la indignación de la afición esmeralda hasta la satisfacción de quienes ven en la decisión de la FIFA un acto de justicia. Más allá de las declaraciones de la directiva, que se presenta como víctima de un error administrativo, la realidad parece apuntar a una estrategia deliberada por parte del Grupo Pachuca para sortear las reglas. El argumento de la no retroactividad de los reglamentos se desmorona ante el historial del grupo, conocido por su manejo, digamos, poco ortodoxo de sus equipos. ¿Acaso alguien cree realmente en la independencia de gestión entre los clubes bajo su control?

La FIFA, a pesar de sus propias controversias y cuestionamientos, ha sido clara en las reglas para este Mundial de Clubes. La insistencia del León en su participación, a pesar de la evidente irregularidad, deja al descubierto una intención burda y descarada de burlar el sistema. Lo preocupante no es solo el intento en sí, sino la aparente ingenuidad con la que creyeron poder engañar a todos. La multipropiedad en el fútbol mexicano es un secreto a voces, una práctica que siembra dudas sobre la legitimidad de la competencia. ¿Cómo garantizar la imparcialidad cuando los mismos dueños controlan a varios equipos en un mismo torneo? ¿No es acaso una invitación a la manipulación de resultados y clasificaciones?

El caso del León trasciende el simple papeleo mal llenado. Es una señal inequívoca de la FIFA, demostrando su capacidad de imponerse, sin importar el peso del club o grupo involucrado. Grupo Pachuca, en este escenario internacional, ha quedado reducido a la insignificancia. La imagen que proyecta es la de una entidad mentirosa, que actúa de mala fe. Su intento de defensa, presentando al León como independiente del Pachuca utilizando recursos de este último, resulta no solo contradictorio sino casi risible.

En todo este embrollo, se les olvidó un detalle crucial: la FIFA tiene la última palabra. El reglamento es, en esencia, un criterio de admisión. La organización se reserva el derecho de admitir a quien considere oportuno, y el León, con su maniobra, pretendió burlarse del ente rector del fútbol mundial. En este juego, solo la FIFA puede cambiar las reglas a su conveniencia.

La exclusión del León no es un accidente, sino una consecuencia lógica de sus actos. Quisieron jugar con fuego y se quemaron. Pretendieron desafiar al dueño del balón y pagaron el precio. Una lección aprendida a la mala: en el mundo del fútbol, la FIFA tiene la última palabra, y con ella, no se juega. El intento de engaño ha salido caro, dejando al León fuera del Mundial de Clubes y al Grupo Pachuca con una reputación aún más cuestionada. La justicia, aunque a veces tarde, llega. Y en este caso, ha llegado con la contundencia de una tarjeta roja.

Por Gerardo Velázquez de León

Colaborador

@GVLO2008

Fuente: El Heraldo de México