7 de mayo de 2025 a las 07:00
Justicia a medias: 6 años por una vida
La tragedia que envolvió a la familia de Ariel Santillán nos golpea con la crudeza de una realidad que se repite con demasiada frecuencia en nuestras calles. La pérdida de un hijo es un dolor inconmensurable, una herida que jamás cicatriza por completo. Patricia Ledesma, una madre destrozada por la ausencia de su único hijo, Ariel, nos muestra la devastación que provoca la imprudencia al volante. Imaginen por un instante la angustia de esta mujer, reviviendo una y otra vez el brutal impacto que le arrebató a su hijo, un joven de tan solo 24 años con toda una vida por delante. La sentencia contra Carlos Andrés Dip, el responsable de esta tragedia, lejos de traer alivio, pareció profundizar aún más el abismo de dolor en el que se encontraba sumergida Patricia. Seis años de prisión, una pena que, si bien es la máxima contemplada por la ley para este tipo de delito, se antoja insuficiente ante la magnitud de la pérdida. ¿Cómo puede compararse la privación de libertad temporal con la ausencia definitiva de un ser querido?
La historia de Patricia y Ariel es un grito desesperado que nos interpela como sociedad. Nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la importancia de la responsabilidad individual. Conducir bajo los efectos del alcohol es una decisión egoísta que puede tener consecuencias devastadoras, como lo demuestra este caso. La alcoholemia de 1.97 g/l de Dip no deja lugar a dudas: se trata de una imprudencia criminal que le costó la vida a un joven y destrozó a una familia entera. ¿Cuántos Ariel más tendremos que lamentar antes de que tomemos conciencia?
El testimonio de Marisa Almeida, suegra de Ariel, es desgarrador. Sus palabras reflejan la impotencia y la frustración de una familia que ha perdido a un ser querido por la irresponsabilidad de otro. "Dip dentro de seis años va a seguir brindando cada Año Nuevo, Día del Padre, de la Madre y del Amigo. Y nosotros ya no tenemos más a quién esperar", una frase que resume la injusticia que sienten. La decisión de Patricia de quitarse la vida nos conmueve profundamente y nos deja un sabor amargo. La falta de apoyo y contención para las víctimas de accidentes viales es una deuda pendiente que como sociedad debemos saldar. El dolor de Patricia la llevó a un punto límite, un lugar donde ya no veía salida.
La familia de Ariel ahora clama por la Ley de Alcohol Cero, una medida que, sin duda, contribuiría a prevenir tragedias como esta. La tolerancia cero al alcohol al volante es una necesidad urgente, una medida que podría salvar vidas y evitar el sufrimiento de muchas familias. El caso de Ariel Santillán no puede quedar impune. Debemos honrar su memoria trabajando para construir un futuro donde la responsabilidad y el respeto por la vida sean los pilares fundamentales de nuestra convivencia. La pregunta que nos queda resonando es: ¿cuántas vidas más tendremos que perder para que la justicia y la conciencia social se impongan? Es hora de actuar, de exigir cambios y de construir una sociedad más segura para todos. El recuerdo de Patricia y Ariel debe ser un impulso para la transformación.
Fuente: El Heraldo de México