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8 de mayo de 2025 a las 01:20

Hombre detenido por intento de feminicidio en Culiacán

La sombra de la violencia de género se cierne nuevamente sobre Culiacán, Sinaloa, tras la detención de Daniel Eduardo “N”, de 40 años, acusado de intento de feminicidio. El escalofriante suceso, ocurrido el pasado 10 de abril en la colonia Libertad, nos recuerda la fragilidad de la seguridad, especialmente para las mujeres. Según la Fiscalía General del Estado (FGE), la víctima llegaba a su domicilio cuando fue interceptada por el presunto agresor, hijo de su expareja. Imaginen la escena: la tranquilidad de volver a casa rota por la aparición repentina de un hombre armado con un objeto punzocortante, la amenaza de muerte, el intento de agresión a la altura del pecho… Afortunadamente, la víctima logró esquivar el ataque y refugiarse en su hogar, pero el terror no terminó ahí. El agresor, según el reporte, continuó golpeando la puerta y profiriendo amenazas, un asedio que prolongó la angustia de la víctima. La rápida actuación de la Unidad Especializada en Aprehensiones (UNESA) de la Fiscalía permitió la captura del presunto culpable, quien ahora enfrenta a la justicia. En las próximas horas se determinará su situación jurídica, un paso crucial para que la víctima pueda, ojalá, comenzar a recuperar la tranquilidad. Este caso, lamentablemente, no es un hecho aislado. Se suma a una larga lista de expedientes por violencia de género que atiende la Fiscalía, una realidad que nos obliga a reflexionar sobre la persistencia de estas agresiones y la necesidad de reforzar las medidas de protección para las mujeres. La frecuencia con la que estos casos involucran vínculos familiares o sentimentales añade una capa adicional de complejidad y dolor, desgarrando el tejido social desde su núcleo más íntimo.

La violencia, sin embargo, no se limita a este tipo de agresiones. En otro hecho que conmociona a la sociedad sinaloense, la FGE obtuvo una sentencia condenatoria de 48 años y 3 meses de prisión contra Jesús Antonio “N” por homicidio calificado y homicidio calificado en grado de tentativa. Los hechos se remontan a julio de 2021 en el fraccionamiento Prados del Sur de Culiacán, donde Jesús Antonio “N” accionó un arma de fuego contra dos personas, arrebatándole la vida a una de ellas y dejando a la otra gravemente herida. Aunque la víctima sobreviviente logró recuperarse gracias a la atención médica recibida, las cicatrices físicas y emocionales de este acto de violencia perdurarán. Estos dos casos, distintos en su naturaleza pero unidos por el hilo conductor de la violencia, nos interpelan como sociedad. Nos obligan a preguntarnos qué estamos haciendo mal, qué mecanismos fallan y cómo podemos construir un entorno más seguro para todos. La labor de las autoridades es fundamental, sin duda, pero la responsabilidad no recae únicamente en ellas. Es necesario un cambio cultural profundo, una transformación de las mentalidades que erradique la violencia desde la raíz. La educación en valores, la promoción de la igualdad y el respeto, y la creación de redes de apoyo sólidas son pilares fundamentales para construir una sociedad donde la paz y la justicia sean la norma, no la excepción. La esperanza, aunque a veces parezca tenue, reside en la posibilidad de un futuro donde noticias como estas dejen de ser parte de nuestra cotidianidad.

Fuente: El Heraldo de México