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7 de mayo de 2025 a las 09:30

Hollywood vs. China: La batalla en la pantalla grande

La geopolítica del siglo XXI se escribe con un nuevo lenguaje. Ya no se trata únicamente de misiles y tratados, sino de narrativas, datos y algoritmos. Mientras Estados Unidos blinda su industria cinematográfica con aranceles, casi como un reflejo pavloviano ante la creciente influencia cultural de otras potencias, China opta por una estrategia diferente, más sutil, pero igualmente poderosa: el silencio. Pekín, en su ascenso imparable, no solo domina tecnologías clave como la inteligencia artificial y las telecomunicaciones, sino que también controla la información, dosificándola, filtrándola, haciéndola desaparecer cuando conviene a sus intereses. La transparencia, otrora bandera del liberalismo occidental, se convierte en un lujo que los gigantes emergentes pueden permitirse desechar.

Este juego de opacidades y proteccionismos revela una verdad incómoda: el poder ya no se mide solo en términos económicos o militares, sino en la capacidad de moldear la percepción global. Dominar el relato, controlar la narrativa, se convierte en la clave para influir en las decisiones, los deseos y las lealtades de la ciudadanía global. En este nuevo escenario, la industria cultural deja de ser un mero entretenimiento para transformarse en un arma geopolítica de primer orden. Hollywood, con sus superhéroes y sus dramas familiares, ha sido durante décadas un vehículo potentísimo para la difusión de valores e ideales “made in USA”. Ahora, ante la emergencia de nuevas potencias narrativas, Washington se atrinchera, protegiendo su cine con la misma fiereza con la que defiende sus bases militares.

El caso chino es aún más intrigante. El gigante asiático, en su camino hacia la cima, ha comprendido que el silencio puede ser tan elocuente como la propaganda. La opacidad informativa, la ausencia de datos, se convierte en una herramienta estratégica para disimular debilidades, exagerar fortalezas y generar incertidumbre en sus rivales. El “Made in China 2025” no es solo un plan tecnológico, sino una narrativa de autosuficiencia y poderío que se alimenta, paradójicamente, de la escasez de información.

Mientras las grandes potencias se enfrascan en esta batalla por el control de la narrativa, ¿dónde queda América Latina? ¿Y específicamente México? Lamentablemente, la respuesta es desalentadora. Mientras Trump erige murallas arancelarias y China construye muros de silencio, México permanece como un espectador pasivo, sin una estrategia clara para proteger su propia industria cultural, sin una voz propia en el concierto global. Nos conformamos con ser consumidores de narrativas ajenas, celebrando las remesas y los "likes" como si fueran símbolos de soberanía.

La pregunta que debemos hacernos es inquietante: ¿estamos condenados a ser meros espectadores en esta nueva guerra fría narrativa? ¿O seremos capaces de construir nuestras propias historias, de defender nuestra cultura y de proyectar nuestra voz al mundo? El futuro de México, en gran medida, dependerá de la respuesta que sepamos dar a este desafío. El tiempo apremia, y el silencio, en este caso, no es una opción. Debemos despertar de esta pasividad y comenzar a escribir nuestro propio guion, antes de que se apaguen las luces y nos quedemos sin nada que contar.

Fuente: El Heraldo de México