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7 de mayo de 2025 a las 20:35

Golpe al Fentanilo

La reciente incautación de 3 millones de pastillas de fentanilo en Estados Unidos, atribuida al Cártel de Sinaloa, ha reavivado el debate sobre la cooperación bilateral en materia de seguridad. Si bien la presidenta Sheinbaum Pardo ha destacado la importancia de que Estados Unidos “haga su parte”, la pregunta que flota en el aire es: ¿qué significa exactamente “hacer su parte”? ¿Se limita a decomisos dentro de su territorio o implica un compromiso más profundo para abordar las causas raíz del narcotráfico?

El fentanilo, un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, se ha convertido en una verdadera epidemia en Estados Unidos, cobrando miles de vidas cada año. La producción, sin embargo, se concentra principalmente en México, donde los precursores químicos llegan desde Asia. Este flujo transnacional exige una estrategia conjunta que vaya más allá de la simple reacción a los cargamentos.

La postura de la presidenta, que enfatiza la “cooperación sin subordinación”, refleja una preocupación legítima por la soberanía nacional. Sin embargo, la lucha contra el narcotráfico es un desafío compartido que requiere una colaboración estrecha y transparente. Compartir información de inteligencia, coordinar operativos y fortalecer las instituciones judiciales a ambos lados de la frontera son pasos cruciales para desmantelar las redes criminales.

Además del fentanilo, el tráfico de armas de Estados Unidos a México alimenta la violencia y fortalece a los cárteles. La presidenta Sheinbaum ha instado al gobierno estadounidense a reforzar los controles, un llamado que ha resonado en diversos sectores de la sociedad mexicana. La facilidad con la que las armas de alto poder cruzan la frontera sur representa una grave amenaza para la seguridad de ambos países.

El tema del T-MEC añade otra capa de complejidad a la relación bilateral. La presidenta ha expresado su confianza en la continuidad del tratado, pero también ha manifestado su preparación ante cualquier escenario. Si bien la integración económica es beneficiosa para las tres naciones, la negociación de temas específicos, como el comercio de acero, aluminio y la industria automotriz, requerirá diplomacia y firmeza.

La reciente visita de los secretarios de Economía y Agricultura a Estados Unidos muestra la voluntad del gobierno mexicano de dialogar y buscar soluciones conjuntas. Sin embargo, la falta de conclusiones concretas hasta el momento indica que el camino hacia acuerdos mutuamente satisfactorios será largo y complejo. El tema del jitomate, un producto emblemático del comercio bilateral, es un ejemplo claro de las tensiones que pueden surgir.

En definitiva, la lucha contra el narcotráfico, el control del tráfico de armas y la consolidación de una relación comercial justa y equitativa son desafíos que requieren una visión integral y una colaboración sincera entre México y Estados Unidos. Más allá de las declaraciones políticas, se necesitan acciones concretas y resultados tangibles para construir una frontera más segura y próspera para ambos países. El futuro de la relación bilateral dependerá, en gran medida, de la capacidad de ambos gobiernos para trascender las diferencias y trabajar juntos en la búsqueda de soluciones comunes.

Fuente: El Heraldo de México