7 de mayo de 2025 a las 11:55
El ocaso de la vida: deseo y muerte
Adentrarse en la sala del Centro Cultural Universitario CASUL es como sumergirse en un etéreo universo onírico. Figuras femeninas, ingrávidas, flotan en el espacio, capturadas en un instante perpetuo. No hay aliento en ellas, no hay movimiento, pero su presencia, construida con delicados filamentos de impresión 3D, resuena con una fuerza inusitada. Estas esculturas, parte de la exposición "Las redes de los sueños" de María José Lavín, nos invitan a un viaje introspectivo por la memoria, el deseo, la efímera juventud y la inevitable ausencia. Cada pieza es un testimonio de la experimentación técnica, fusionada con la poesía visual y una profunda reflexión sobre la naturaleza del cuerpo y el implacable paso del tiempo.
La exposición, que abre sus puertas el 7 de mayo en el marco de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, nos invita a contemplar las intrincadas redes que tejen nuestra existencia. Redes neuronales, afectivas, sociales, y las más enigmáticas: las redes de los sueños. Esos hilos invisibles que nos conectan, que nos unen en una experiencia colectiva y que dan forma a nuestros anhelos más profundos. Lavín revela que la génesis de esta obra se encuentra en la literatura, específicamente en la conmovedora novela "La casa de las bellas durmientes" del Nobel Yasunari Kawabata. La artista confiesa haber quedado profundamente impactada por la lectura, una experiencia que marcaría el inicio de esta exploración artística.
"La novela me ofreció una nueva perspectiva", comparte Lavín. "Kawabata explora la soledad, el deseo y la vejez a través de la historia de Eguchi, un anciano que busca consuelo en la compañía de jóvenes dormidas. Estos cuerpos inertes, intocables, nos obligan a confrontar la realidad de la muerte, la fugacidad del tiempo y la imposibilidad de recuperar lo perdido. Se crea una tensión fascinante entre la lozanía de la juventud y la decadencia, entre lo erótico y lo prohibido".
Lo que comenzó como una indagación estética en un universo onírico y voyeurista, se transformó, con el tiempo y las circunstancias, en un proceso de duelo profundamente personal. La pandemia y la pérdida de sus padres impregnaron la obra de Lavín con una nueva capa de significado, la de la ausencia, la del vacío que deja la partida de un ser querido.
La exposición también presenta una serie de almohadas, elaboradas con resina y filamentos 3D. Cada una de ellas porta un hueco simbólico, "la huella que dejamos al morir y al dormir", explica la artista. "Un acto que, aunque efímero, deja rastros, ausencias, formas". A diferencia de las esculturas tradicionales, talladas en mármol o bronce, aquí el cuerpo se dibuja en el aire, como un trazo suspendido, etéreo. La pluma de la impresora 3D da vida a figuras que flotan, ingrávidas, transmitiendo la fragilidad inherente al cuerpo y la serenidad del reposo. Cincuenta obras, dispuestas en forma oval dentro del espacio de CASUL, como si el recinto mismo abrazara un sueño colectivo, una experiencia compartida de introspección y belleza. Una invitación a reflexionar sobre la vida, la muerte y los misteriosos hilos que conectan nuestros sueños.
Fuente: El Heraldo de México