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7 de mayo de 2025 a las 09:30

Domina el Balón: Únete a la Clase

Más allá del balón y la cancha: La educación física, una asignatura fundamental para el desarrollo integral

Solemos asociar la educación física con el deporte, con la hora de “desahogo” en la escuela. Recordamos, quizás con nostalgia o quizás con cierto alivio, las clases de educación física en la primaria, ya sea como un oasis de diversión o como una prueba de resistencia. Sin embargo, la educación física es mucho más que correr, saltar o patear un balón. Es una pieza clave en el desarrollo integral de niñas y niños, un elemento crucial que impacta directamente en su aprendizaje y en su bienestar presente y futuro.

Desde la Secretaría de Educación Pública, con la Estrategia de Vida Saludable, se ha hecho hincapié en la importancia de la alimentación y el movimiento. Y es precisamente en este último pilar donde las y los maestros de educación física juegan un papel protagónico. Son ellos quienes, día a día, promueven el ejercicio y el movimiento en las escuelas, convirtiéndose, a menudo, en figuras inspiradoras para sus alumnos. Detrás de su labor, existe una formación pedagógica sólida y una profunda comprensión del desarrollo infantil. Porque para aprender, hay que moverse.

La educación física, como disciplina del movimiento, está intrínsecamente ligada al desarrollo motriz, esa conexión vital entre cerebro y cuerpo. Recordemos nuestras propias experiencias en la primaria: saltar la cuerda, jugar con botes, lanzar una pelota… Todas estas actividades, aparentemente simples, contribuyen a desarrollar la coordinación, la ubicación espacial y la percepción del tiempo. Estas habilidades, a su vez, fortalecen funciones cognitivas esenciales como la atención, la memoria de trabajo, la autorregulación y la resolución de problemas, bases fundamentales para el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas.

El desarrollo de la motricidad fina y gruesa, por ejemplo, nos permite escribir con precisión, lo que facilita el reconocimiento de letras y, en consecuencia, el aprendizaje de la lectura. Esas horas de juego en el patio, las caídas, los últimos lugares en las carreras, tenían un propósito que iba más allá de la competencia: estaban construyendo las bases para un aprendizaje efectivo.

Pero la educación física no se limita al desarrollo motriz. Durante esa hora de clase, también se cultivan habilidades socioemocionales cruciales: el trabajo en equipo, la empatía, la tolerancia a la frustración, el respeto por las reglas y la gestión de las emociones. En el contexto del juego, niñas y niños aprenden a convivir, a negociar y a enfrentar desafíos.

La educación física es, sin duda, una de las asignaturas más esperadas por el alumnado. El juego, el movimiento libre y la creatividad se conjugan para crear un espacio de aprendizaje dinámico y estimulante. Sin embargo, para que la educación física alcance su máximo potencial, es fundamental contar con profesionales capacitados y con las condiciones adecuadas para su labor.

Lamentablemente, el sistema educativo ha relegado a un segundo plano la formación y la trayectoria profesional de las y los docentes de educación física. Las posibilidades de ascenso son limitadas y, a menudo, se enfrentan a la precariedad laboral. Según datos oficiales, menos del 60% de las escuelas de educación básica cuentan con un docente de educación física, y en muchos casos, un solo profesor debe atender a varias escuelas, con la consecuente carga de trabajo y la dificultad para brindar una atención adecuada.

Revalorizar la labor docente implica ir más allá de un aumento salarial. Significa garantizar condiciones dignas de trabajo, una trayectoria profesional estimulante y el reconocimiento de la importancia de su contribución al desarrollo integral de la infancia. La educación física es esencial para el aprendizaje, y es, en muchos casos, la asignatura favorita de niñas y niños. Y eso, sin duda, importa.

Fuente: El Heraldo de México