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7 de mayo de 2025 a las 17:30

Desvela el misterio de "Eternauta"

La nieve cae implacable, un manto blanco que esconde la muerte. Buenos Aires, la vibrante ciudad del tango y el asado, ahora se encuentra silenciada, sofocada bajo un manto glacial y tóxico. En este escenario desolador, emerge la figura de Juan Salvo, un veterano de Malvinas curtido por la guerra, pero no preparado para la pesadilla que ahora enfrenta. No se trata de trincheras ni de bombas, sino de una amenaza invisible, insidiosa, que se filtra en el aire que respiran. Una invasión extraterrestre que ha comenzado con una nevada mortal, preludio de una lucha por la supervivencia de la humanidad.

Y aquí, en medio del caos y la desesperación, Salvo se convierte en algo más que un soldado, más que un sobreviviente. Se transforma en el Eternauta, el viajero de la eternidad, un alma en pena navegando en un mar de incertidumbre. Pero, ¿qué significa realmente ser un Eternauta? No se trata simplemente de viajar a través del tiempo, aunque la obra de Oesterheld juega con esa idea. Es algo más profundo, más existencial. Es la sensación de estar atrapado en un bucle infinito, donde el pasado, el presente y el futuro se confunden en una niebla densa y opresiva. Es la lucha constante contra lo desconocido, contra un enemigo invisible que te acecha en cada esquina.

La genialidad de Oesterheld reside en plasmar esta sensación de eternauta en la figura de Juan Salvo. No es un héroe clásico, no busca la gloria ni el reconocimiento. Es un hombre común, un padre de familia, que se ve obligado a luchar por lo que ama. Su viaje no es a través del tiempo, sino a través del horror, a través de la pérdida y la desesperación. Y sin embargo, en medio de la oscuridad, se aferra a la esperanza, a la posibilidad de un futuro, aunque este parezca inalcanzable.

La adaptación de Netflix, con sus seis intensos episodios, captura la esencia de esta obra maestra de la ciencia ficción argentina. Nos sumerge en un mundo desolado, donde la nieve no es símbolo de pureza, sino de muerte. Nos enfrenta a la fragilidad de la existencia humana, a la constante amenaza de lo desconocido. Y nos presenta a Juan Salvo, no como un héroe invencible, sino como un reflejo de nosotros mismos, capaces de encontrar la fuerza para resistir, para luchar, incluso cuando todo parece perdido.

El Eternauta, más que una historia de ciencia ficción, es una reflexión sobre la condición humana, sobre la resiliencia del espíritu ante la adversidad. Es un viaje a través de las emociones más profundas, un recordatorio de que incluso en la oscuridad más absoluta, siempre hay una chispa de esperanza que nos impulsa a seguir adelante. Y es, sin duda, una obra que seguirá resonando en el imaginario colectivo, un verdadero viaje a través de la eternidad.

Fuente: El Heraldo de México