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7 de mayo de 2025 a las 09:10

Desenmascarando la hipocresía

La escenificación de unidad en el Consejo Nacional de Morena del domingo pasado dejó un regusto amargo, una sensación de artificialidad que difícilmente se disipa. Ver a figuras que se atacan y denostan públicamente, compartiendo espacio y simulando cohesión, es un ejercicio de hipocresía política que insulta la inteligencia del ciudadano. La amalgama de ideologías, desde los radicales y puros hasta los moderados y exmilitantes de otros partidos, crea una imagen de Frankenstein ideológico, un monstruo parchado con retazos de doctrinas dispares, unido por el frágil hilo del pragmatismo electoral.

Pero más allá de la puesta en escena, lo aprobado por el Consejo resulta aún más preocupante. La grilla interna se ha desatado, convirtiendo al partido en un campo de batalla donde las ambiciones personales se imponen sobre los principios. La presidenta Sheinbaum, en un intento por controlar el caos, dictó lineamientos que fueron adoptados selectivamente, ignorando olímpicamente puntos cruciales como la prohibición de la promoción anticipada de candidaturas. La rebeldía soterrada contra Palacio Nacional se manifiesta en la resistencia de algunos legisladores a las reformas propuestas por la presidenta, evidenciando las profundas fisuras que recorren el partido.

La carta de la presidenta, en la que exhorta a la austeridad, a evitar excesos como viajes en aviones privados y el nepotismo, resulta casi una confesión involuntaria de los males que aquejan a Morena. Es un reconocimiento tácito de que todo aquello que prometieron erradicar, florece con impunidad dentro de sus propias filas. ¿Acaso no son los viajes en primera clase de Gerardo Fernández Noroña y Adán Augusto López un ejemplo flagrante de la contradicción entre el discurso y la práctica? ¿Y qué decir del derroche de recursos públicos en la autopromoción de Andrea Chávez? Cada punto de lo aprobado por el Consejo parece llevar una dedicatoria específica, un intento desesperado de contener la vorágine de ambiciones desatadas.

La ausencia de una oposición partidista sólida ha convertido a Morena en el escenario de una lucha interna que reproduce la dinámica entre oficialismo y oposición. La batalla por el control de la 4T apenas comienza, y se libra en las entrañas del propio partido. Esta situación, lejos de fortalecer la democracia, la debilita al concentrar el poder en un solo espacio, donde la confrontación de ideas se transforma en una lucha por el control de los recursos y las posiciones.

El episodio protagonizado por Paco Ignacio Taibo, titular del Fondo de Cultura Económica, durante el Consejo Nacional, es un ejemplo paradigmático de la intolerancia y el autoritarismo que acechan en los rincones de la 4T. Su propuesta de "nacionalizar" el canal 13 de TV Azteca no solo revela un profundo desprecio por la libertad de expresión, sino que también deja al descubierto los instintos censores que anidan en algunos sectores del partido. Es un recordatorio inquietante de los peligros que conlleva la concentración del poder y la falta de contrapesos.

La imagen que proyecta Morena es la de un partido atrapado en sus propias contradicciones, donde la unidad es una fachada que oculta las ambiciones desmedidas y la lucha por el poder. La hipocresía, la grilla y el autoritarismo son las sombras que se ciernen sobre un proyecto que prometió transformar la política, pero que corre el riesgo de reproducir los vicios del pasado. El futuro de la 4T dependerá de la capacidad de Morena para superar estas contradicciones y construir una verdadera democracia interna, donde las ideas se debatan con libertad y respeto, y donde el interés colectivo se imponga sobre las ambiciones personales.

Fuente: El Heraldo de México