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7 de mayo de 2025 a las 23:55

Anciana masajista, ¡la peor pesadilla!

En los suburbios tranquilos de la provincia de Buenos Aires, Argentina, se escondía una trama de extorsión tan insólita como perturbadora. Stella Maris Distel, una masajista de 65 años, utilizaba su oficio como fachada para tejer una red de chantajes que mantuvo en vilo a numerosos clientes. Lejos de las típicas exigencias monetarias, Distel sometía a sus víctimas a una serie de pedidos extravagantes, que iban desde dulces antojos hasta electrodomésticos y herramientas. Imaginen la escena: un hombre, víctima de la manipulación, recorriendo los pasillos de un supermercado en busca de un pastel de milhojas, bajo la amenaza de ver expuestas sus fotografías íntimas. Una situación surrealista que pone de manifiesto la audacia y la frialdad de esta mujer.

La investigación policial, iniciada tras la valiente denuncia de una de las víctimas, reveló un modus operandi meticuloso y perverso. Distel iniciaba el contacto con sus clientes a través de videollamadas y conversaciones subidas de tono, momentos que aprovechaba para capturar imágenes comprometedoras. Con estas fotografías como arma, comenzaba el juego de la extorsión. No se limitaba a exigir transferencias bancarias, sino que también recurría a plataformas de paquetería para recibir los objetos más dispares, creando una red de envíos que se extendía por toda la provincia.

Lo más sorprendente de este caso, quizás, sea la acumulación de riqueza obtenida a través de este peculiar método. Según fuentes policiales, Distel amasó una fortuna estimada en 3.000.000 de pesos argentinos, una cifra que deja entrever la magnitud de su operación y el número de personas afectadas. Este caso nos recuerda la importancia de estar alerta ante posibles situaciones de extorsión, y la necesidad de denunciar cualquier indicio de chantaje, por más insólito que parezca. La policía bonaerense, tras el arresto de Distel, ha hecho un llamado a la precaución, instando a la población a ser cautelosa en las interacciones online y a no ceder ante presiones de esta índole.

La historia de Stella Maris Distel es un recordatorio de que la extorsión puede adoptar formas inesperadas, escondiéndose tras la apariencia de normalidad. Es una llamada de atención sobre la vulnerabilidad en la era digital, donde la intimidad puede ser utilizada como moneda de cambio. El accionar de esta mujer, que se aprovechó de la confianza de sus clientes para tejer su red de chantajes, deja una profunda huella en la comunidad y nos invita a reflexionar sobre la importancia de la seguridad online y la necesidad de romper el silencio ante cualquier forma de abuso. La justicia, ahora, tiene la palabra.

Fuente: El Heraldo de México