7 de mayo de 2025 a las 09:30
Adiós Champions: Barça eliminado
La noche milanesa prometía ser mágica, una velada de ensueño para el FC Barcelona, una oportunidad para acercarse al ansiado triplete. El imponente Giuseppe Meazza, escenario de gestas y decepciones, se vestía de gala para presenciar un duelo de titanes, una batalla entre dos históricos del fútbol europeo. La ilusión se palpaba en el ambiente, se respiraba en cada rincón del estadio, se reflejaba en los rostros esperanzados de la afición culé que había cruzado fronteras para alentar a sus ídolos.
Sin embargo, el destino, caprichoso como siempre, tenía otros planes. A pesar del dominio blaugrana, del constante toque y la posesión del balón, la defensa culé mostró una fragilidad inesperada, una vulnerabilidad que el Inter de Milán supo explotar con precisión quirúrgica. Dos errores puntuales, dos deslices en la zaga, se convirtieron en los goles que silenciaron a la hinchada barcelonista. Lautaro Martínez, con su olfato goleador, aprovechó un balón perdido para abrir el marcador, mientras que Hakan Calhanoglu, desde los once metros, aumentó la ventaja justo antes del descanso.
El golpe fue duro, pero el Barça no se rindió. Con el orgullo herido y el espíritu de lucha intacto, los catalanes salieron al segundo tiempo dispuestos a revertir la situación. En un abrir y cerrar de ojos, en apenas seis minutos de furia, el partido dio un giro radical. Eric García y Dani Olmo, con dos goles de bella factura, devolvieron la esperanza a la afición blaugrana. El empate a dos goles inyectó una dosis de adrenalina al encuentro, reviviendo la ilusión del triplete.
La tensión se podía cortar con un cuchillo. Cada ataque era una promesa de gol, cada defensa una batalla épica. Y cuando parecía que el Barça tenía el partido en el bolsillo, cuando Raphinha, con un golazo de antología, ponía el 3-2 en el marcador y desataba la euforia en la grada culé, el destino volvió a dar un giro inesperado.
En un final de infarto, digno de una película de suspense, el Inter de Milán resurgió de sus cenizas. Francesco Acerbi, en el tiempo añadido, igualó el marcador y mandó el partido a la prórroga. La angustia se apoderó de los aficionados culés, mientras que la hinchada neroazzurra recuperaba la fe. Y en la prórroga, con el Barça volcado al ataque, llegó el golpe definitivo. Davide Frattesi, con un gol que quedará grabado en la memoria de los interistas, sentenció la eliminatoria y desató la locura en el Giuseppe Meazza.
El sueño del triplete se desvaneció en una noche agridulce. El Barça, a pesar de su valentía y su entrega, se despidió de la Champions League de la manera más cruel. La maldición del Giuseppe Meazza se confirmó una vez más. Ahora, con la herida aún abierta, el equipo culé debe centrarse en LaLiga y en el Clásico que se avecina contra el Real Madrid. Un partido que se presenta como una oportunidad para sanar las heridas y demostrar que el Barça, a pesar de los reveses, sigue siendo un equipo grande.
Fuente: El Heraldo de México