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6 de mayo de 2025 a las 18:15

Zedillo vs AMLO: ¿Quién tiene la razón?

El eco de las declaraciones del PRI en defensa del expresidente Zedillo resuena con fuerza en el panorama político mexicano, abriendo un nuevo capítulo en la ya tensa relación entre el partido tricolor y el gobierno de Morena. Más allá de una simple defensa, el pronunciamiento del PRI se configura como una estrategia política con múltiples aristas. Por un lado, busca reivindicar la figura de Zedillo, presentándolo como un estadista responsable que navegó las aguas turbulentas de una época crucial para México, marcada por crisis económicas y transiciones políticas. Se enfatiza su papel en la consolidación de instituciones clave para la democracia mexicana, como el entonces IFE, ahora INE, presentándolo como un pilar fundamental en el camino hacia la alternancia en el poder.

Este discurso no solo busca exaltar el legado de Zedillo, sino también contrastarlo con la gestión actual de López Obrador. El PRI acusa al gobierno de Morena de intentar borrar la historia y deslegitimar los avances democráticos logrados durante los gobiernos priistas. La propuesta de Zedillo de someter a auditoría internacional las obras emblemáticas del gobierno actual, como el AIFA, Dos Bocas y el Tren Maya, es abrazada por el PRI como una herramienta para evidenciar la supuesta corrupción que, según ellos, envuelve estos proyectos. Esta acusación, lejos de ser un hecho aislado, se enmarca en una narrativa más amplia que busca pintar a Morena como un partido opaco en su manejo de los recursos públicos.

La defensa de Zedillo también sirve como plataforma para que el PRI se posicione como el defensor de la democracia y el Estado de Derecho frente a lo que consideran un embate autoritario por parte de Morena. Acusan al gobierno actual de debilitar las instituciones y de instaurar un sistema clientelar, argumentando que las críticas a Zedillo son una distracción para desviar la atención de los verdaderos problemas del país. El llamado a la rendición de cuentas y la insistencia en agotar todas las instancias nacionales e internacionales para denunciar lo que consideran abusos de poder, forman parte de una estrategia para proyectar una imagen de firmeza y compromiso con la legalidad.

Sin embargo, esta defensa a ultranza de Zedillo no está exenta de controversia. El expresidente ha sido objeto de críticas y señalamientos por su gestión de la crisis económica de 1994 y el caso del EZLN, entre otros temas. El PRI, al asumir esta defensa, se arriesga a reabrir viejas heridas y a polarizar aún más el debate público. La pregunta que queda en el aire es si esta estrategia les permitirá recuperar terreno político o si, por el contrario, les pasará factura. El tiempo y la reacción de la ciudadanía serán los jueces finales.

Finalmente, la insistencia del PRI en destacar la alternancia en el poder en el año 2000 como un logro de la era Zedillo, busca presentarse como un partido con credenciales democráticas, en contraposición a la narrativa de Morena que a menudo los asocia con prácticas autoritarias del pasado. Este juego de narrativas forma parte de la lucha por la legitimidad y la confianza de la ciudadanía, elementos clave en el complejo tablero político mexicano.

Fuente: El Heraldo de México