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6 de mayo de 2025 a las 05:20

Ollin Cuauhtémoc: Clases online tras tragedia.

La tragedia que enluta a la familia Terán Torbellín y sacude los cimientos de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc continúa generando una cascada de interrogantes. Mientras las autoridades judiciales desentrañan la verdad tras la muerte de Erick Leonardo, la decisión de la academia de retomar sus actividades de manera remota ha avivado el debate público. ¿Es acaso una medida prudente o una estrategia para evadir el ojo del huracán?

El comunicado emitido por la institución, cargado de frases como "compromiso con la educación" y "derecho ininterrumpible", resulta, para muchos, un intento de desviar la atención del foco principal: la investigación en curso y las serias acusaciones de maltrato y tortura que pesan sobre sus instructores. La promesa de una educación "ordenada, afectiva y formativa" choca frontalmente con los testimonios escalofriantes de menores que describen un ambiente de terror y violencia dentro del campamento en Morelos. ¿Cómo puede garantizarse el bienestar emocional de los alumnos en un contexto tan delicado, a través de una pantalla?

La insistencia en la virtualidad, amparada en el cierre temporal decretado por el Invea, plantea una serie de inquietudes. ¿Permitirá este formato a las autoridades un seguimiento adecuado del funcionamiento de la academia? ¿Se implementarán mecanismos para prevenir y detectar posibles situaciones de abuso en el entorno digital? ¿Se brindará el apoyo psicológico necesario a los alumnos que presenciaron o sufrieron maltratos, ahora dispersos y quizás con mayor dificultad para expresarse?

Más allá del discurso oficial, la comunidad educativa y los padres de familia necesitan respuestas concretas. La opacidad que rodea el caso exige transparencia. Es fundamental que la academia colabore plenamente con las investigaciones, asuma su responsabilidad en los hechos y implemente medidas reales para garantizar la seguridad y el bienestar de sus alumnos. El futuro de la institución, y la confianza depositada en ella, dependen de ello.

El trágico fallecimiento de Erick Leonardo no puede quedar impune. Es un llamado a la reflexión sobre los métodos educativos utilizados en este tipo de instituciones y la necesidad de una supervisión más estricta por parte de las autoridades competentes. La educación militarizada, con su énfasis en la disciplina y el orden, no puede justificar bajo ningún concepto el maltrato físico y psicológico. El legado de Erick debe ser un impulso para la construcción de un sistema educativo que priorice el respeto, la integridad y el desarrollo integral de todos los niños y jóvenes. La sociedad exige justicia y espera que este caso sirva como un punto de inflexión para prevenir futuras tragedias. La memoria de Erick no puede ser silenciada por comunicados ambiguos ni estrategias evasivas. La verdad, por dolorosa que sea, debe salir a la luz.

Fuente: El Heraldo de México