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6 de mayo de 2025 a las 10:00

El Regreso de Trump: ¿100 Días al Apocalipsis?

La megalomanía de Trump, manifestada en su delirante afirmación de gobernar el mundo, no es simplemente una excentricidad personal, sino un síntoma preocupante de la deriva unilateralista que amenaza con desmantelar el orden internacional. Su reciente autoproclamación, disfrazado con la iconografía papal, demuestra una falta de respeto no solo hacia una institución religiosa global, sino también hacia los principios mismos de la diplomacia y el decoro político. Este acto, lejos de ser una simple anécdota, se inscribe en una estrategia comunicativa cuidadosamente orquestada para alimentar su base electoral, basada en la provocación constante y el desprecio por las normas establecidas.

La obsesión de Trump con la "grandeza" de Estados Unidos se traduce en una política exterior agresiva, donde la cooperación internacional es vista como una debilidad y el multilateralismo como una traición a los intereses nacionales. Su visión del mundo, simplista y maniquea, divide a los países entre "ganadores" y "perdedores", ignorando la complejidad de las relaciones internacionales y las interdependencias que las rigen. Esta visión reduccionista lo lleva a tomar decisiones impulsivas y erráticas, como su salida del Acuerdo de París sobre el cambio climático o la imposición de aranceles comerciales de manera indiscriminada.

La retórica de Trump, plagada de hipérbole y falsedades, busca construir una narrativa victimista en la que Estados Unidos es constantemente perjudicado por el resto del mundo. Esta narrativa, amplificada por sus aliados mediáticos, permite justificar sus políticas proteccionistas y aislacionistas, presentándolas como una defensa legítima de los intereses nacionales. Sin embargo, la realidad es que estas políticas, lejos de beneficiar a Estados Unidos, lo aíslan en el escenario internacional y erosionan su liderazgo global.

La confrontación con China, erigida como el principal enemigo de Estados Unidos en la visión de Trump, es el ejemplo más claro de esta deriva peligrosa. La guerra comercial desatada por Trump, lejos de contener el ascenso de China, ha generado incertidumbre en los mercados globales y ha perjudicado a la economía estadounidense. Además, la retórica beligerante de Trump aumenta el riesgo de un conflicto militar entre las dos potencias, con consecuencias impredecibles para la paz mundial.

El desmantelamiento del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial, basado en la cooperación multilateral y el respeto al derecho internacional, es una amenaza no solo para Estados Unidos, sino para todo el mundo. Este orden, aunque imperfecto, ha permitido evitar grandes conflictos y ha promovido el desarrollo económico y social en muchas regiones del planeta. La destrucción de este orden, impulsada por la visión unilateralista de Trump, abre la puerta a un mundo más inestable, injusto y peligroso.

Es fundamental que la comunidad internacional, incluidos los aliados tradicionales de Estados Unidos, se oponga firmemente a esta deriva peligrosa. Es necesario defender los principios del multilateralismo, la cooperación internacional y el respeto al derecho internacional. El futuro de la paz y la prosperidad global depende de ello. No podemos permitir que la megalomanía de un solo hombre ponga en peligro el futuro de la humanidad. El mundo necesita líderes responsables, comprometidos con la construcción de un futuro compartido, no con la imposición de una visión nacionalista y egoísta. El tiempo apremia y la responsabilidad es de todos.

Fuente: El Heraldo de México