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6 de mayo de 2025 a las 12:45

Descubre la Gran Vía Madrileña

El Paseo de la Reforma, mucho más que una simple avenida, es una arteria vibrante que palpita con la historia y la energía de la Ciudad de México. Desde sus inicios, concebida como un camino imperial para conectar el Castillo de Chapultepec con el corazón de la ciudad, ha sido testigo silencioso de la transformación de la capital. Imaginen a la emperatriz Carlota, con su mirada fija en el horizonte, exigiendo la construcción de una vía digna de su esposo, Maximiliano de Habsburgo. ¿Fue un capricho real o, como susurran algunos historiadores, una estrategia nacida de los celos? Sea cual sea la verdad, el resultado fue la semilla de lo que hoy conocemos como uno de los paseos más emblemáticos del mundo.

Aquellos primeros cuatro kilómetros, inspirados en la grandeza de las capitales europeas, contrastaban con el paisaje rural que los rodeaba. Rancherías y descansos para caballos eran la postal de una ciudad en plena metamorfosis. Con la caída del Imperio, el Paseo Degollado, nombre que adoptó en honor al militar Santos Degollado, continuó su expansión bajo la presidencia de Benito Juárez. La visión de Juárez y, posteriormente, de Sebastián Lerdo de Tejada, impulsó la creación de andadores peatonales y la siembra de árboles, transformando el paseo en un espacio para el disfrute de los ciudadanos. Finalmente, en 1867, fue bautizado como Paseo de la Reforma, un nombre que resonaba con el espíritu de transformación que vivía el país.

Llegado el siglo XX, la proximidad del Centenario de la Independencia impulsó una serie de mejoras que definirían su fisonomía actual. Imaginen el bullicio de las obras, el ensanchamiento de las calzadas, la construcción de las calles laterales y, sobre todo, la imponente erección del Monumento a la Independencia, un símbolo de la lucha por la libertad que se alzaba majestuoso en la glorieta que hoy conocemos. Estas transformaciones, que incluyeron la modernización de las infraestructuras con alcantarillado, electricidad y teléfono, prepararon al Paseo de la Reforma para el siglo que estaba por comenzar.

Hoy en día, el Paseo de la Reforma es mucho más que una vía de comunicación. Es un museo al aire libre que alberga monumentos emblemáticos como la glorieta de la Palma (ahora del Ahuehuete), un testigo vivo de la historia que ha visto pasar generaciones. La imponente figura de Cuauhtémoc, último emperador azteca, nos recuerda la grandeza del pasado prehispánico. La Columna de la Independencia, con su ángel dorado, se alza como un faro de libertad. Y la Glorieta de las Mujeres que Luchan, anteriormente dedicada a Cristóbal Colón, es un símbolo de la lucha constante por la igualdad y la justicia.

Pero más allá de los monumentos, el Paseo de la Reforma es un espacio vivo, un punto de encuentro para la ciudadanía. Es el escenario de manifestaciones, celebraciones y encuentros fortuitos. Es el lugar donde la historia se entrelaza con la vida cotidiana, donde el pasado dialoga con el presente, y donde la energía de la ciudad se manifiesta en todo su esplendor. Un paseo por la Reforma es un paseo por la historia de México, un viaje a través del tiempo que nos invita a reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro.

Fuente: El Heraldo de México