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5 de mayo de 2025 a las 05:35
Putin: ¿Armas nucleares en Ucrania?
La sombra de la guerra nuclear se cierne una vez más sobre el tablero geopolítico. Las declaraciones de Vladimir Putin, si bien descartan el uso inmediato de armas atómicas, dejan un inquietante espacio para la incertidumbre. La "conclusión lógica" a la que alude el líder ruso, ¿qué implica realmente? ¿A qué precio se alcanzaría esa satisfacción de los intereses de Moscú? La historia, lamentablemente, nos ha enseñado que las guerras rara vez siguen una lógica predecible y que el precio de la victoria, a menudo, es demasiado alto.
La justificación de Putin para la no utilización de armas nucleares hasta el momento –"no ha habido necesidad"– resulta escalofriante. Implica que la posibilidad sigue latente, condicionada a una necesidad aún no definida. ¿Qué escenario podría desencadenar esa necesidad en la mente del Kremlin? La actualización de la doctrina nuclear rusa, firmada en noviembre de 2024, permite su uso en respuesta a ataques convencionales apoyados por potencias nucleares. Este cambio, lejos de tranquilizar, aumenta la tensión internacional, especialmente considerando el vasto arsenal nuclear ruso. Nos encontramos en un peligroso juego de ajedrez donde cada movimiento puede tener consecuencias catastróficas.
La afirmación de Putin sobre haber evitado una invasión a gran escala en 2014 por falta de preparación contrasta con la narrativa ucraniana y occidental. Presentar la anexión de Crimea como un acto de contención, en lugar de una agresión, es una manipulación de la realidad. La insistencia en la búsqueda de una solución pacífica en Donbás suena hueca ante la evidencia de la continua violencia y el sufrimiento de la población civil. La reconciliación con Ucrania, presentada por Putin como “inevitable”, parece un espejismo en el desierto de la guerra, mientras los bombardeos y los ataques con drones siguen sembrando el terror.
El llamado de Volodymyr Zelensky a un alto el fuego inmediato es un grito desesperado en medio del caos. Su crítica a la propuesta rusa de una tregua de 72 horas, calificándola de hipócrita ante la persistencia de los ataques, resuena con la crudeza de la realidad. La mención de los ataques durante la Pascua, una festividad que debería ser sinónimo de paz y reflexión, subraya la crueldad del conflicto.
El apoyo militar checo, con el suministro de millones de proyectiles de artillería, es un rayo de esperanza para Ucrania. La creación de una escuela de entrenamiento para pilotos de F-16, fuera del territorio ucraniano por razones de seguridad, demuestra la complejidad y la amplitud del conflicto.
Mientras los líderes discuten sobre treguas y estrategias militares, la vida de los civiles ucranianos pende de un hilo. El ataque nocturno con drones en Kiev, dejando once heridos, incluyendo dos niños, es un recordatorio brutal de la tragedia humana que se esconde detrás de las cifras y los comunicados oficiales. Las muertes en Dnipropetrovsk y Sumy, causadas por bombas guiadas, son otra muestra de la indiscriminada violencia que asola el país. La interceptación de 69 de los 165 drones lanzados por Rusia es una victoria pírrica, un pequeño consuelo ante la magnitud de la destrucción.
¿Hasta cuándo seguirá el derramamiento de sangre? ¿Cuándo prevalecerá la razón sobre la locura de la guerra? Estas son las preguntas que resuenan en la mente de millones de personas en todo el mundo, mientras observamos con angustia el desarrollo de este conflicto que amenaza con desestabilizar aún más el orden global. La paz, hoy más que nunca, se antoja como un bien preciado y esquivo.
Fuente: El Heraldo de México