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5 de mayo de 2025 a las 09:45

Patriotas: ¿De qué se trata?

La noche neoliberal, ese largo periodo de 36 años, sumió a México en un modelo económico que dio la espalda a los más vulnerables, a la clase trabajadora que con su sudor construye el país día a día. Las fórmulas aplicadas jamás consideraron el bienestar del pueblo, privilegiando un sistema que beneficiaba a unos pocos. Hoy, la derecha, en su desesperación, recurre a figuras como Ernesto Zedillo, un símbolo de ese pasado que busca maquillar. Lo presentan como un estandarte, un sustituto de figuras desgastadas como Vicente Fox o Felipe Calderón, quienes han perdido toda credibilidad ante la nación.

Durante el neoliberalismo, los programas sociales, los apoyos a la población, las becas, los derechos y beneficios para la gente eran vistos como un gasto innecesario, un despilfarro. En contraste, los rescates millonarios a bancos y empresas, producto de la corrupción y el cohecho, eran justificados cínicamente como "fomento económico". Se permitía el enriquecimiento desmedido de una élite a costa del sacrificio de la mayoría. Los trabajadores, la verdadera base del desarrollo del país, eran condenados a salarios precarios y a la negación de sus derechos fundamentales. Se argumentaba que el mercado no soportaba mejoras salariales y se les negaba el derecho a la vivienda, a la organización y a la participación social, bajo el pretexto de su supuesta incapacidad para tomar decisiones.

Hoy, con la consolidación de la Cuarta Transformación, finalmente se reconoce el valor de la clase trabajadora. La presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado reformas históricas que buscan mejorar sus condiciones laborales, un paso fundamental hacia la justicia social. La reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, sin afectar los salarios, es una muestra de este compromiso. Esta medida permitirá a los trabajadores disfrutar de mayor tiempo con sus familias y para su desarrollo personal, elevando su calidad de vida. Es una reforma trascendental que coloca a México a la vanguardia en materia de derechos laborales.

Como era de esperar, las voces que siempre se oponen al progreso, argumentan que estas medidas provocarán fuga de capitales, reducción de la inversión extranjera y un clima de incertidumbre para los empresarios. Sin embargo, estos argumentos carecen de fundamento. Numerosos países en el mundo, incluyendo naciones europeas, han implementado jornadas laborales de 40 horas o incluso menos, sin que ello haya generado las consecuencias negativas que predicen los detractores. Estudios de prestigiosas universidades como Cambridge, Oxford y Boston College demuestran que la reducción de la jornada laboral ha tenido efectos beneficiosos tanto para los trabajadores como para las empresas.

A esto se suman otras reformas cruciales, como el aumento del salario mínimo y su blindaje constitucional para garantizar que siempre crezca por encima de la inflación. El plan de beneficios impulsado por la presidenta Sheinbaum incluye también reformas a la ley del Infonavit, planes de construcción de vivienda, programas de capacitación y desarrollo profesional, y la ampliación de los beneficios de seguridad social.

Los detractores, esos que se beneficiaron del neoliberalismo y de sus redes de corrupción, pueden invocar a figuras como Milton Friedman y añorar un pasado que solo trajo desigualdad y sufrimiento. Pero la voz que realmente importa es la del pueblo, la de los trabajadores que ahora son visibles, la de quienes reciben los beneficios que por tanto tiempo les fueron negados. Ellos son los verdaderos protagonistas de la transformación y tienen la última palabra.

Fuente: El Heraldo de México