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5 de mayo de 2025 a las 09:35

ONU: ¿Peso pluma o irrelevancia?

La ONU, ese gigante a menudo percibido como lento e ineficaz, se encuentra en una encrucijada. Acosada por la multiplicación de crisis globales, desde la guerra en Ucrania hasta la tragedia humanitaria en Gaza, la organización se enfrenta a una creciente ola de escepticismo sobre su relevancia en el siglo XXI. Muchos se preguntan: ¿es la ONU un dinosaurio diplomático, incapaz de adaptarse a un mundo en constante cambio? ¿O puede, a pesar de sus limitaciones, ser la clave para un futuro más justo y pacífico?

Es cierto que la ONU no es un gobierno mundial. Carece de la autoridad para imponer sus decisiones. Su poder reside en la voluntad de sus miembros, especialmente de las grandes potencias, de cooperar y acatar los acuerdos alcanzados. Y ahí radica precisamente su mayor debilidad. El veto en el Consejo de Seguridad, un resabio de la geopolítica de la posguerra, paraliza la acción en los conflictos más urgentes. Mientras Rusia y Estados Unidos se enzarzan en un juego de poder, el sufrimiento humano continúa sin tregua.

La actual coyuntura internacional, marcada por el ascenso de China y el declive relativo de Estados Unidos, añade otra capa de complejidad. El unilateralismo de la era Trump, aunque atenuado por la administración Biden, ha dejado profundas heridas en el tejido del multilateralismo. La competencia por la hegemonía global amenaza con fragmentar el orden internacional, precisamente cuando la cooperación es más necesaria que nunca.

Ante este panorama desalentador, surge la pregunta: ¿está condenada la ONU a la irrelevancia? No necesariamente. La emergencia de un mundo multipolar, con la creciente influencia de potencias como China, India y la Unión Europea, abre también una ventana de oportunidad. Este nuevo orden exige una reformulación del multilateralismo, y la ONU, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el foro ideal para este proceso.

El Secretario General, Antonio Guterres, consciente de la necesidad de cambio, ha propuesto una ambiciosa agenda de reformas. Se busca optimizar el funcionamiento del sistema, eliminar duplicidades y mejorar la eficiencia en la gestión de recursos. Pero el éxito de estas reformas dependerá, en última instancia, de la voluntad política de los Estados miembros.

Y aquí es donde entran en juego actores como México y Noruega, países con una larga tradición de compromiso con el multilateralismo y la resolución pacífica de conflictos. Su iniciativa de formar una "Coalición de los Dispuestos" inyecta una dosis de optimismo en un momento crucial. La idea es simple pero poderosa: unir a las naciones comprometidas con los principios de la Carta de la ONU para impulsar las reformas necesarias y revitalizar la organización.

No se trata de esperar a que las grandes potencias se pongan de acuerdo, sino de tomar la iniciativa. Las potencias medias, con su capacidad de diálogo y construcción de consensos, tienen un papel fundamental que desempeñar. México y Noruega, con su liderazgo y credibilidad internacional, pueden ser el catalizador de este proceso. La tarea no es fácil, pero la alternativa, la irrelevancia de la ONU y el triunfo del caos en las relaciones internacionales, es simplemente inaceptable. El futuro del multilateralismo, y quizás del mundo, depende de ello.

Fuente: El Heraldo de México