Inicio > Noticias > Salud Mental
5 de mayo de 2025 a las 09:45
Libérate de la Disociación
La disociación, ese mecanismo de defensa que nuestra mente activa ante la avalancha de una experiencia traumática, nos envuelve en una bruma de irrealidad. Nos sentimos extraños, como observadores de nuestra propia vida, desconectados de nuestro cuerpo, pensamientos y emociones. Es como si una cortina invisible se interpusiera entre nosotros y el mundo, amortiguando el impacto del dolor pero también alejándonos de la experiencia en su totalidad.
¿Recuerdan esa sensación de despertar de una pesadilla, sin saber si aún seguimos soñando? Esa confusión, esa desorientación espacial y temporal, ese vacío en el estómago… es la disociación susurrándonos al oído. Caminamos, hablamos, actuamos, pero una parte de nosotros permanece ausente, flotando en un limbo de incertidumbre. Es como si nuestro cerebro, en un acto desesperado de autoprotección, activara el piloto automático para guiarnos a través de la tormenta.
Imaginen la pérdida repentina de un ser querido, un diagnóstico médico inesperado, una traición que nos desgarra el alma… En momentos así, la disociación puede ser un salvavidas, una forma de compartimentar el dolor para poder seguir funcionando. Nos permite atender las necesidades básicas de supervivencia, protegiéndonos del colapso emocional total.
Sin embargo, convertir la disociación en un hábito, en nuestra respuesta automática ante cualquier situación dolorosa o frustrante, puede tener consecuencias a largo plazo. Al fragmentar la experiencia, impedimos la integración del recuerdo y, con ello, la posibilidad de aprender de lo vivido. Nos privamos de la oportunidad de extraer valiosas lecciones, de crecer y fortalecernos a través de la adversidad.
El proceso cognitivo, ese complejo engranaje que nos permite dar sentido al mundo, se basa en la integración de diferentes etapas: la comodidad inicial, la irrupción de una señal desconocida, la incomodidad que genera, la interpretación que hacemos de ella a través de nuestros sentidos, la atención que le prestamos, la emoción que nos provoca, el pensamiento que le asignamos, la acción que decidimos tomar y, finalmente, el retorno a un estado de confort, aunque quizás diferente al inicial.
En situaciones traumáticas, recuperar el estado de confort previo puede ser un desafío inmenso. La vida sigue su curso, y nos vemos obligados a adaptarnos a una nueva realidad, a vivir con la ausencia, el dolor, la decepción. Pero no estamos solos en este camino.
Hablar de nuestra experiencia con alguien de confianza, escribir sobre lo que sentimos, permitirnos conectar con nuestras emociones sin juicio, son pasos cruciales para sanar las heridas de la disociación. Recordar detalles, investigar, reconstruir el puzzle de la experiencia, nos ayuda a comprender lo sucedido y a encontrarle un sentido.
Aceptar el dolor, la pérdida, la frustración, perdonarnos por no haber podido actuar de otra manera, y buscar el aprendizaje en cada experiencia, son las claves para transformar el trauma en una fuente de crecimiento y resiliencia. No se trata de olvidar, sino de integrar, de tejer con los hilos rotos de la experiencia un nuevo tapiz, más fuerte y lleno de significado.
Preguntémonos: ¿Para qué me sucedió esto? ¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Cómo puedo usar este dolor para transformarme y ayudar a otros? Las respuestas, aunque a veces dolorosas, nos guiarán hacia la sanación y nos permitirán abrazar la vida con renovada fuerza y esperanza.
Fuente: El Heraldo de México