5 de mayo de 2025 a las 09:50
Infancia robada: el silencio del abuso militar
La tragedia de Erick Leonardo Terán Torbellin, un niño de apenas 13 años fallecido en una academia militarizada, nos obliga a confrontar una realidad incómoda y a exigir respuestas. La clausura de la Academia Militarizada Ollin en la alcaldía Cuauhtémoc por falta de permisos y protocolos de protección civil es solo la punta del iceberg. Nos revela un sistema donde las grietas de la impunidad permiten que instituciones operen al margen de la ley, poniendo en riesgo la vida de nuestros niños. ¿Cómo es posible que un campamento, supuestamente sin autorización de la SEP, se convirtiera en el escenario de una tragedia? Las autoridades deben ir más allá del simple cierre del lugar. Necesitamos una investigación exhaustiva que no se limite a las irregularidades administrativas, sino que ahonde en las circunstancias que rodearon la muerte de Erick.
La sospecha de tortura añade una capa aún más perturbadora a este caso. Imaginar a un niño sometido a tratos inhumanos y degradantes es desgarrador. La Fiscalía de Morelos y la de la Ciudad de México tienen la responsabilidad de esclarecer los hechos con la mayor diligencia y transparencia. No podemos permitir que la muerte de Erick se sume a la larga lista de casos impunes en nuestro país. Es imperativo que se recopilen todas las pruebas, desde testimonios hasta peritajes forenses, para determinar las responsabilidades y llevar a los culpables ante la justicia.
Más allá de este caso específico, la tragedia de Erick nos invita a reflexionar sobre el modelo de educación militarizada. Si bien la disciplina es un valor importante, no puede justificar la violencia y el abuso. La formación de nuestros jóvenes debe basarse en el respeto a los derechos humanos y la dignidad individual. Es fundamental que las instituciones educativas, incluyendo las de corte militar, sean espacios seguros y propicios para el desarrollo integral de los estudiantes. La pedagogía del dolor no tiene cabida en una sociedad que aspira a la justicia y la paz.
La "bolita" que se lanzan las autoridades es una práctica lamentablemente común en nuestro país. Esconderse tras la burocracia y evadir responsabilidades es una afrenta a la memoria de Erick y a la justicia que su familia merece. Exigimos que las autoridades asuman su rol con seriedad y compromiso. Necesitamos respuestas claras, no evasivas. Necesitamos acciones concretas, no discursos vacíos.
La sociedad civil también tiene un papel fundamental que desempeñar. Debemos mantener la atención en este caso y exigir que se haga justicia. El acompañamiento a la familia de Erick es crucial en estos momentos de dolor e incertidumbre. No podemos permitir que se sientan solos en su lucha por la verdad. La solidaridad y la presión social son herramientas poderosas para combatir la impunidad.
La muerte de Erick no puede ser en vano. Debe servir como un llamado de atención para fortalecer nuestros sistemas de protección a la infancia y erradicar la violencia en todas sus formas. Solo así podremos construir un futuro donde las tragedias como esta no se repitan. Que la memoria de Erick nos impulse a luchar por un México más justo y humano.
Fuente: El Heraldo de México