5 de mayo de 2025 a las 10:05
¡Empleos de vuelta!
La sombra del neoliberalismo se cernió sobre el mundo laboral durante décadas, dejándolo fragmentado, debilitado y marginado. Imaginen un escenario donde el valor del trabajo se reduce a una mera cifra, donde la precariedad se convierte en la norma y la voz de los trabajadores se silencia en los pasillos del poder. Esta fue la realidad impuesta por un sistema que priorizó la acumulación de riqueza en pocas manos, a costa del bienestar de la mayoría. El poder adquisitivo se desplomó, los contratos colectivos se desvanecieron como espejismos y la informalidad se extendió como una mancha de aceite, devorando la estabilidad y la seguridad de millones de familias.
La subcontratación, ese eufemismo para la explotación laboral, se convirtió en la herramienta predilecta de quienes buscaban maximizar sus ganancias a expensas de los derechos de los trabajadores. El trabajo permanente, otrora un anhelo alcanzable, se transformó en un privilegio reservado para unos pocos. La incertidumbre se apoderó del futuro, mientras las jornadas laborales fragmentadas y los contratos por horas se multiplicaban, sumando en muchos casos más de ocho horas diarias, pero sin las garantías ni la protección que merecían.
Esta precarización sistemática del mundo del trabajo no fue un accidente, sino una consecuencia directa de las políticas neoliberales que se implementaron con la promesa de un futuro mejor, pero que en realidad profundizaron la desigualdad económica y social en México y en el mundo. El discurso oficial justificaba la precariedad laboral como una estrategia para atraer la inversión extranjera, una lógica perversa que deshumanizaba a los trabajadores, reduciéndolos a simples engranajes en la maquinaria del capital.
Pero la historia no termina ahí. En 2018, como un rayo de esperanza en medio de la tormenta, se inició una Primavera Laboral que comenzó a revertir los efectos devastadores del neoliberalismo. El salario mínimo experimentó un incremento significativo, superando la inflación y recuperando poder adquisitivo. Los trabajadores volvieron a tener voz y voto en la aprobación de sus contratos colectivos y en la elección de sus líderes sindicales.
Las Juntas de Conciliación y Arbitraje, muchas veces instrumentos de injusticia, fueron reemplazadas por Tribunales Laborales, abriendo un nuevo capítulo en la defensa de los derechos laborales. La subcontratación, esa práctica abusiva que precarizó la vida de tantos, fue eliminada como régimen general. El reparto de utilidades se amplió, reconociendo la contribución fundamental de los trabajadores a la generación de riqueza.
La tasa de empleo se incrementó, posicionando a México como uno de los países con menor desempleo a nivel mundial. Más trabajadores se afiliaron al Seguro Social y más patrones comenzaron a cumplir con sus obligaciones, fortaleciendo la seguridad social y garantizando un futuro más digno para millones de familias. Las aportaciones patronales para las pensiones también aumentaron, brindando una mayor tranquilidad a quienes dedicaron su vida al trabajo. El número de semanas de cotización necesarias para la jubilación se redujo, reconociendo el esfuerzo y la dedicación de los trabajadores a lo largo de su trayectoria laboral.
La evaluación punitiva de los maestros, una herramienta de control y hostigamiento, fue derogada, abriendo paso a la basificación de un millón de docentes y a un aumento salarial que reconoce su invaluable labor en la formación de las futuras generaciones. La creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar representa un paso fundamental hacia un sistema de pensiones más justo y equitativo.
Gracias a estas transformaciones, la pobreza laboral en México ha disminuido y las organizaciones sindicales han recuperado su protagonismo y libertad. Se reconstruye la alianza histórica entre el Estado y la clase trabajadora, revalorizando el trabajo como un factor fundamental para la construcción de riqueza y el desarrollo del país. Aún queda mucho por hacer, pero la Primavera Laboral ha sembrado la semilla de un futuro más justo y próspero para todos los mexicanos.
Fuente: El Heraldo de México