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5 de mayo de 2025 a las 10:00
Economía circular y justicia social: un futuro posible
La crisis de la basura en México nos exige una profunda reflexión y una acción contundente. Imaginen la magnitud del problema: más de 120 mil toneladas de basura diarias, una montaña de desechos que crece día a día, asfixiando nuestros ecosistemas y poniendo en riesgo nuestra salud. De esta cantidad, casi la mitad son residuos orgánicos, un recurso valioso que, en lugar de aprovecharse, se pudre en los vertederos, liberando metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Es una paradoja dolorosa: desperdiciamos un recurso que podría generar energía limpia y abonar la tierra, mientras contaminamos nuestro aire y aceleramos el cambio climático.
El panorama se vuelve aún más preocupante al constatar que apenas reciclamos una mínima fracción de nuestros residuos. Menos del 10% se reintegra al ciclo productivo, mientras que cerca de 19 mil toneladas diarias ni siquiera son recolectadas, quedando abandonadas en calles, ríos y barrancas, convirtiendo nuestros paisajes en un vertedero a cielo abierto. Esta negligencia no solo afecta la imagen de nuestras ciudades y comunidades, sino que también tiene un impacto devastador en la salud pública, contaminando el agua que bebemos, el aire que respiramos y la tierra que nos alimenta.
El costo de esta ineficiencia no se limita al ámbito ambiental. La degradación de nuestros ecosistemas tiene un alto precio económico. Más de 87 mil millones de pesos anuales, casi el 0.4% de nuestro Producto Interno Bruto, se esfuman en daños ambientales. Recursos que podrían destinarse a educación, salud o infraestructura se pierden por una gestión inadecuada de los residuos. Además, millones de personas que subsisten del reciclaje se ven obligadas a trabajar en condiciones precarias, sin la protección y el apoyo que merecen. Su labor, esencial para la recuperación de materiales, se realiza en la informalidad, exponiéndolos a riesgos sanitarios y a la explotación.
Es hora de cambiar de paradigma. Debemos dejar atrás el modelo lineal de “usar y tirar” y transitar hacia una economía circular, donde los residuos se conviertan en recursos. Imaginen un sistema donde la materia orgánica se transforme en biogás y compost, donde los envases plásticos se reciclen y reutilicen, donde los desechos de la construcción se conviertan en nuevos materiales. Este no es un sueño utópico, sino una necesidad urgente y una oportunidad para construir un futuro más sostenible.
La iniciativa de reforma a la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos busca precisamente este cambio de paradigma. Propone un conjunto de medidas para impulsar la economía circular en México, fomentando el aprovechamiento energético de los residuos orgánicos, el rediseño de productos para una mayor durabilidad, la transformación de los vertederos en bancos de materiales y el establecimiento de metas obligatorias de recolección y reciclaje en los municipios. Esta propuesta se alinea con el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, que prioriza el bienestar social, el desarrollo sustentable y la innovación tecnológica.
La bioeconomía circular no es solo una estrategia ambiental, sino también una palanca para el desarrollo económico y social. Generará nuevos empleos verdes, atraerá inversiones y posicionará a México como líder en innovación ambiental en América Latina. Experiencias exitosas en otros países, como Corea del Sur, demuestran que es posible alcanzar altas tasas de reciclaje y transformar los residuos en una fuente de riqueza.
México no puede quedarse atrás en esta transformación global. Debemos asumir el reto de la circularidad con decisión y compromiso. La iniciativa de reforma a la Ley de Residuos es un paso fundamental en esta dirección, un paso hacia un México más limpio, más próspero y más justo. Es una apuesta por un futuro donde la basura deje de ser un problema y se convierta en una oportunidad. Es una apuesta por un México que cuida su medio ambiente y construye un futuro sostenible para las próximas generaciones.
Fuente: El Heraldo de México