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5 de mayo de 2025 a las 09:35

Divide y vencerás: Crianza 10M

El Día de las Madres, una fecha que tradicionalmente celebramos con alegría y gratitud, nos invita también a la reflexión. A la reflexión sobre las profundas desigualdades que aún persisten y que marcan la vida de millones de mujeres, especialmente de aquellas que viven en contextos de pobreza. La maternidad, ese acto de amor y entrega incondicional, no debería ser sinónimo de sacrificio y precariedad. Sin embargo, la realidad nos muestra un panorama distinto, un panorama donde la carga del trabajo doméstico y de cuidados recae desproporcionadamente sobre los hombros de las mujeres.

Imaginemos por un momento la vida de una madre soltera, jefa de familia, que se levanta antes del amanecer para preparar el desayuno de sus hijos, alistar sus uniformes, llevarlos a la escuela y luego correr a un trabajo precario, muchas veces informal, para poder llevar el sustento a su hogar. Al terminar su jornada laboral, regresa a casa no a descansar, sino a continuar con la segunda jornada: lavar la ropa, preparar la cena, ayudar a los niños con sus tareas, atender las necesidades del hogar. ¿Cuántas horas de sueño le quedan? ¿Cuánto tiempo tiene para sí misma, para su desarrollo personal, para sus sueños y aspiraciones?

Las estadísticas son contundentes y alarmantes. El trabajo doméstico y de cuidados, ese trabajo invisible e infravalorado, representa un porcentaje significativo del PIB. Y la mayor parte de esa contribución, ese esfuerzo titánico, proviene de las mujeres. Un esfuerzo que, en la mayoría de los casos, no es remunerado ni reconocido. Es un trabajo que se da por sentado, como si fuera una obligación natural, inherente a su condición de mujer.

Esta realidad no es un hecho aislado, es el resultado de una estructura social que perpetúa la división sexual del trabajo, que asigna roles y responsabilidades de acuerdo al género, limitando las oportunidades de las mujeres y perpetuando las desigualdades. Las mujeres, especialmente las madres en situación de pobreza, enfrentan mayores obstáculos para acceder a la educación, a la salud, a un empleo digno, a una vivienda adecuada. Sus derechos, que deberían ser garantizados, se ven vulnerados y restringidos.

No podemos seguir ignorando esta realidad. No podemos seguir celebrando el Día de las Madres sin reconocer la deuda histórica que tenemos con ellas. Es necesario un cambio profundo, un cambio que parta de la corresponsabilidad social, de la creación de redes de apoyo para las madres, de políticas públicas que promuevan la conciliación entre la vida laboral y familiar.

Necesitamos un Sistema Nacional de Cuidados que reconozca el valor del trabajo doméstico y de cuidados, que brinde apoyo a las madres y les permita desarrollarse plenamente en todos los ámbitos de su vida. Necesitamos un compromiso real del Estado para garantizar el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, a la educación, a la salud, al trabajo digno y a una vivienda adecuada.

Este Día de las Madres no solo es una ocasión para celebrar, sino también para exigir justicia, igualdad y reconocimiento para todas las mujeres que con su esfuerzo y dedicación sostienen el tejido social. Es un llamado a la acción, a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, donde la maternidad sea una experiencia plena y no un sinónimo de sacrificio y precariedad. Es momento de pasar de las palabras a los hechos, de construir un futuro donde las madres tengan las mismas oportunidades y los mismos derechos que cualquier otro miembro de la sociedad. Un futuro donde la maternidad sea una elección libre y no una condena a la desigualdad.

Fuente: El Heraldo de México