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5 de mayo de 2025 a las 09:25

Descubre el debut en Medio Oriente

El boxeo, un deporte de estrategia, de fuerza, de resistencia, pero sobre todo, un deporte de honor. Un escenario donde la grandeza se forja a base de golpes, pero también de respeto al rival. Recordando las sabias palabras de mi padre, José Sulaimán, quien siempre nos inculcó el valor de no hablar mal de nadie, me resulta difícil comentar sobre la pelea del pasado 3 de mayo en Riad. Una fecha que tradicionalmente celebra la Batalla de Puebla con combates de alto calibre, pero que este año, en particular, dejó un sabor amargo.

La actuación de William Scull, el boxeador cubano, fue francamente decepcionante. El boxeo cubano siempre se ha caracterizado por su excelencia y la demostración del sábado fue una mancha en su historia. Esquivar los golpes, correr por el ring y evadir el enfrentamiento no es estrategia, es una falta de respeto al deporte y al público que espera un verdadero espectáculo. Hay una gran diferencia entre planear una estrategia inteligente para contrarrestar al oponente y simplemente rehuir el combate durante 12 rounds. Scull optó por lo segundo, ofreciendo un espectáculo lamentable.

Recordemos el 2021, el año glorioso de Canelo Álvarez, cuando se coronó campeón indiscutido tras vencer a tres invictos: Callum Smith, Billy Joe Saunders y Caleb Plant. Una hazaña que lo consolidó como el mejor boxeador del momento. La obligación de defender el título IBF lo llevó a enfrentarse a Scull, quien ostentaba el cinturón que Canelo había dejado vacante. Una pelea que se esperaba con ansias, pero que terminó siendo una decepción.

El Consejo Mundial de Boxeo (WBC) ha aprendido de experiencias pasadas, como el caso de Avni Yildirim, donde la pandemia influyó en el desempeño del boxeador. A partir de ese momento, se ajustaron las reglas para asegurar la calidad de los retadores mandatorios y dignificar el deporte. No se trata solo de subir al ring, se trata de ofrecer una pelea digna del título y del público.

La incursión de Canelo en el mercado de Medio Oriente no ha sido fácil. Salir de su zona de confort, adaptarse a un nuevo entorno, con diferentes horarios, costumbres y clima, representó un desafío. A esto se sumó la decepcionante actitud de Scull, quien parecía más interesado en cobrar su cheque que en ofrecer una verdadera pelea.

Pero no todo fueron malas noticias. La velada en Riad también nos regaló momentos emocionantes. El debut profesional de Marco Verde, medallista olímpico, culminó con un nocaut en el primer round, augurando una carrera brillante. Jaime Munguía, por su parte, se reivindicó de su derrota anterior con una victoria contundente sobre Bruno Surace, demostrando su calidad y su capacidad de recuperación. Tres boxeadores mexicanos, tres victorias, tres ejemplos del talento que existe en nuestro país.

La presencia de México se sintió con fuerza en Riad. El cinturón conmemorativo del WBC, con la imagen del Guerrero Xicoténcatl, fue un símbolo de orgullo y tradición. La comunidad mexicana residente disfrutó de la cercanía de su campeón y la gastronomía mexicana se hizo presente con el restaurante Taco Taco, que ofreció una variedad de platillos típicos. Incluso la cerveza sin alcohol se agotó en los hoteles, demostrando el espíritu festivo de los mexicanos.

La tormenta de arena que nos recibió al salir de la arena fue un recordatorio de la fuerza de la naturaleza y de la peculiaridad del entorno. Una experiencia que quedará grabada en la memoria.

La celebración del 5 de mayo continuó en Nueva York y culminó con la esperada pelea entre Naoya "Monstruo" Inoue y Ramón Cárdenas, un combate que prometía ser explosivo. También se esperaba la defensa del título de Rafael "Divino" Espinoza contra Edward Vázquez. Inoue y Cárdenas, además, fueron nombrados Embajadores WBC Cares en la campaña de concientización contra el cáncer de cerebro, una causa noble que merece todo nuestro apoyo.

El mes de mayo, dedicado a la concientización sobre el cáncer de cerebro, se simboliza con el color gris. El cinturón conmemorativo que disputaron Inoue y Cárdenas, de este color, lleva palabras de aliento y una placa representativa de esta enfermedad.

Recordando los inicios de Canelo Álvarez, viene a mi mente la llamada de Rafael Mendoza, "La Cobra", a mi padre, presentándole al "futuro del boxeo mexicano". Una frase que mi padre escuchó muchas veces, pero que en el caso de Canelo, se convirtió en una realidad. Desde aquel joven tímido y pelirrojo, Canelo se ha convertido en una leyenda del boxeo, acumulando títulos y reconocimientos, cumpliendo la profecía de mi padre. Una historia de esfuerzo, dedicación y triunfo que inspira a las nuevas generaciones.

Fuente: El Heraldo de México