5 de mayo de 2025 a las 20:40
Corridos: ¿Adiós al nombre?
La controversia en torno a los corridos, corridos tumbados y narcocorridos continúa en México. Al menos diez estados han decidido prohibir su interpretación en espacios públicos, generando un debate entre autoridades, artistas y el público. Mientras algunos defienden la libertad de expresión artística, otros argumentan la necesidad de regular contenidos que podrían incitar a la violencia o glorificar actividades ilícitas. Esta situación ha puesto en el ojo del huracán a artistas como Luis R. Conriquez, Los Alegres del Barranco y Natanael Cano, quienes han visto afectados sus presentaciones por estas nuevas regulaciones.
La propuesta de Jorge Hernández, líder de Los Tigres del Norte, de cambiar la denominación "corridos" por "historias" ha añadido un nuevo matiz a la discusión. ¿Se trata de una estrategia para sortear la censura o de una genuina reflexión sobre la naturaleza de estas composiciones? Hernández argumenta que estas canciones simplemente narran la vida de las personas, una tradición arraigada en la música regional mexicana. Sin embargo, la línea entre la narrativa y la apología de la violencia es a menudo difusa, lo que dificulta la regulación y genera tensiones entre los diferentes actores involucrados.
La experiencia de Los Tigres del Norte, quienes en 2014 recibieron advertencias sobre la interpretación de ciertos corridos, ilustra la complejidad del problema. A pesar de su larga trayectoria y reconocimiento, la agrupación no es inmune a la censura, lo que plantea interrogantes sobre los límites de la libertad artística y la responsabilidad de los artistas en la construcción de narrativas sociales. La preocupación de Hernández es palpable: ¿hasta dónde llegará esta "censura" y qué implicaciones tendrá para el futuro de la música regional mexicana?
La reflexión de Hernández sobre la comparación entre la censura a los corridos y la ausencia de la misma en otros medios como el cine es particularmente relevante. "¿Cómo una canción puede ser más fuerte que una película?", cuestiona el artista. Esta pregunta abre un debate sobre la percepción de la violencia en diferentes formatos y la influencia que cada uno ejerce sobre la audiencia. ¿Se criminaliza un género musical mientras se permite la representación de la violencia en la pantalla grande? ¿Existe una doble moral en la aplicación de la censura?
El público, por su parte, se encuentra dividido. Mientras algunos apoyan las medidas de regulación para proteger a la sociedad de contenidos nocivos, otros defienden el derecho de los artistas a expresarse libremente y la importancia de preservar la tradición de los corridos como parte del patrimonio cultural mexicano. En los conciertos, la demanda del público por estas canciones persiste, lo que demuestra la vigencia de este género y la conexión emocional que genera con una parte significativa de la población. ¿Cómo conciliar la libertad artística con la responsabilidad social? ¿Es posible encontrar un punto medio que satisfaga a todas las partes?
El futuro de los corridos es incierto. La prohibición en varios estados y la propuesta de cambio de nombre de Jorge Hernández son indicadores de un género en constante evolución y adaptación. El debate continuará y es fundamental que se aborde desde una perspectiva integral, considerando las implicaciones artísticas, culturales y sociales. Sólo a través del diálogo y la comprensión mutua se podrá encontrar una solución que preserve la libertad de expresión al tiempo que se protege a la sociedad de contenidos potencialmente dañinos.
Fuente: El Heraldo de México