5 de mayo de 2025 a las 11:15
¿40 horas? ¡Recupera tu tiempo!
La aparente paradoja de las largas jornadas laborales en México, en contraste con la alta productividad de países con jornadas significativamente menores, nos obliga a una profunda reflexión. Si bien es cierto que observamos en nuestro país una tendencia a la dispersión durante la jornada laboral, atribuirlo simplemente a una "cultura de la holgazanería" resulta simplista y, francamente, peligroso. Es necesario ir más allá de la anécdota, de la generalización, y analizar las estructuras que perpetúan esta dinámica.
La comparación con Estados Unidos, donde el mismo trabajador mexicano muestra una productividad notablemente superior, nos indica que el problema no reside en la persona, sino en el entorno. No se trata de una "falta de ganas" intrínseca, sino de un sistema que, en muchos casos, no incentiva la eficiencia ni la optimización del tiempo. ¿Cuáles son las causas de esta disonancia?
Uno de los factores clave radica en la falta de inversión en tecnología y capacitación. Mientras que en otros países se implementan herramientas y procesos que agilizan las tareas y maximizan el rendimiento, en México muchas empresas se mantienen ancladas en modelos obsoletos. Esto se traduce en procesos burocráticos, flujos de trabajo ineficientes y una dependencia excesiva de la presencialidad, incluso en tareas que podrían realizarse de forma remota.
Otro elemento crucial es la precariedad laboral. La incertidumbre en la contratación, la falta de prestaciones y la baja remuneración generan un ambiente de desmotivación e inseguridad. Cuando el trabajador no percibe un futuro claro ni una valoración justa de su esfuerzo, es menos probable que se comprometa plenamente con sus responsabilidades.
Asimismo, es fundamental analizar la cultura empresarial prevalente en México. En muchos casos, se prioriza la presencia física sobre la productividad real. Se valora más "estar" en la oficina durante largas horas que la eficiencia y los resultados concretos. Esta mentalidad, arraigada en paradigmas anticuados, obstaculiza la adopción de modelos de trabajo más flexibles y orientados a objetivos.
La próxima discusión en la Cámara de Diputados sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas representa una oportunidad única para abordar esta problemática de raíz. No basta con decrementar las horas de trabajo; es imprescindible implementar políticas que promuevan la productividad, la capacitación y la modernización de las empresas.
Debemos incentivar la inversión en tecnología, simplificar los trámites burocráticos, fomentar la flexibilidad laboral y, sobre todo, revalorizar el trabajo y al trabajador. Solo así podremos romper con el círculo vicioso de las largas jornadas improductivas y construir un modelo laboral más justo, eficiente y competitivo.
El reto que enfrenta José Carlos Pons de la Garza, al frente de la Asociación Nacional de la Industria Química, se inserta en este contexto. La aceleración del intercambio de datos e información, así como la mejora de la compatibilidad regulatoria con EUA y Canadá, en el marco del T-MEC, son piezas clave para impulsar la modernización del sector y elevar la productividad en México. Es una tarea compleja, pero indispensable para lograr un crecimiento económico sostenible y beneficioso para todos.
Fuente: El Heraldo de México